INICIO |SUBSCRIBIRSE

✉ ¿QUIÉNES SOMOS?

- CENTRO CULTURAL ARGENTINO DE MONTAÑA -


Actividades · Viajes y expediciones

Travesía en solitario por la precordillera mendocina, desde El Challao hasta Potrerillos

Un recorrido de casi 49 kilómetros en tres días, fue la concreción de un anhelo que comenzó en 2009 y dieciseis años más tarde, encontró el momento de realizarlo, esta es su aventura...

Emiliano Gabriel Vidal

Emiliano Gabriel Vidal

Edición: CCAM Marzo 2026



Integrante: Emiliano Gabriel Vidal (en solitario).

 

Dieciseis años cobijando un proyecto

 

Hay travesías que se planifican con mapas y coordenadas, y otras que se gestan durante años en el territorio íntimo de la imaginación. El cruce de la precordillera mendocina que aquí se relata no fue simplemente un recorrido de casi 49 kilómetros en tres días: fue la concreción de un anhelo que comenzó en 2009 y que, dieciséis años más tarde, encontró su momento justo. Entre cumbres, quebradas y la esquiva “Agua de la Avería”, esta experiencia en solitario condensa el espíritu del montañismo en su forma más esencial: la lucha contra los propios límites, la incertidumbre del terreno y la recompensa silenciosa de alcanzar aquello que durante tanto tiempo fue sólo un punto en el mapa.

 

SITUACIÓN

 

El 91% del recorrido realizado transcurre dentro del distrito de El Challao, perteneciente al departamento Las Heras; mientras que el 9% restante, dentro del distrito de Potrerillos, bajo la jurisdicción de Luján de Cuyo. 

En rojo, el recorrido realizado. En amarillo, el distrito de El Challao, perteneciente al departamento Las Heras (en naranja).

 

Ubicación relativa del trayecto aquí relatado, coloreado en rojo.  Montaje: Emiliano Gabriel Vidal.

 

EN DATOS

  • Distancia recorrida en total: 49 km. aproximadamente. 
  • Cantidad de días: 3.
  • Distancia recorrida durante la primera jornada: 15,1 km. aprox.
  • Distancia recorrida durante la segunda jornada: 18,4 km. aprox.
  • Distancia recorrida durante la tercera jornada: 15,1 km. aprox. 
  • Altitud mínima: 1060 msnm.
  • Altitud máxima: 3111 msnm.
  • Desnivel acumulado: 3293 m.

Infografía que muestra los principales datos de interés de esta travesía. Fuente: Imagen satelital de Google Earth

 

El maravilloso mundo del montañismo

 

La siguiente es una travesía que venía planeando desde hacía varios años. He de remontarme más precisamente hacia enero del año 2009, cuando fortuitamente me enteré de la vastedad de la precordillera mendocina, gracias al paso del Rally Dakar por nuestras tierras. La ruta 13, los cerros Pelado, Chimenea, Yaretas… Por citar algunos, eran nombres totalmente desconocidos para mí.

Hacía apenas unos meses que había incursionado en el maravilloso mundo del montañismo. Habiendo superado en un par de ocasiones la cota de 4000 metros de altura, mi atención comenzaba, no obstante, a enfocarse por ese encanto –para mí– ignoto que hacía única a la precordillera.

En ese entonces, ya formaba parte del Centro Universitario de Andinismo de la Universidad Nacional de Cuyo (mejor conocido como CUDA), y también del grupo Aire de los Andes, liderado por el amigo Gerardo Izco. Recuerdo que la mensajería de esta agrupación circulaba por Yahoo!, y fue gracias a uno de estos correos que recibí un fragmento de un mapa de que a posteriori se convertiría para mí en el Santo Grial: se trataba del croquis de los principales accidentes topográficos del sector austral de la precordillera, preparado por J. A. Suárez y M. A. Videla, en el año 1991.

Fragmento del croquis confeccionado por J. A. Suárez y M. A. Videla, en donde se demarca, en rojo, la posición exacta de “Agua de la Avería”.Fuente: Este plano forma parte del libro Mendoza Andina, Precordillera - Alta Cordillera; aprobado por el IGM Argentino, expediente 1244/5 del 17/05/1991.

 

Horas sentado frente al Google Earth

 

Tal fue mi obnubilación que comencé a pasar horas sentado frente al Google Earth con el propósito de ubicar cada uno de estos accidentes geográficos. Con el pasar de los años, fui conociendo y conquistando gran parte de ellos. Sin embargo, ya mucho más adelante en el tiempo, más específicamente al pasado 2025, restaba un par de cerros que con el correr de los años, se me habían escapado: el San Lorenzo y el Yaretas. Pero mucho más que éstos, un nombre seguía suscitando en mí un interés y una curiosidad inconmensurables: “Agua de la Avería”. Una misteriosa herida verde de unos 150 metros de largo situada en una hondonada a pocos kilómetros de la cima del Yaretas. Recuerdo que a lo largo de 16 años supe estudiarla gracias a las imágenes históricas del Google Earth, las cuales evidenciaban su estacionalidad según la época del año: desaparecía en la temporada invernal, para brotar nuevamente durante los meses de verano. 
 

El plan definitivo y los preparativos

 

El plan definitivo a seguir, derivado de muchos otros que fueron surgiendo en el tiempo, fue el siguiente: comenzar en la rotonda de El Challao sobre la Ruta Provincial 99 -donde nace el camino que conecta al Mirador con Puerta de la Quebrada-, para luego subir los cerros Áspero, Mesillas, Guamparitos, el “mogote sin nombre” (del cual más adelante me enteraría de su denominación), el mogote de la Desolación, los cerros Rincón de los Guamparitos, del Fierro y Pajarito; luego descender hacia la quebrada Escondida, para visitar el rancho de los Chilenos, encumbrar el cerro San Lorenzo; después, encontrar la tan ansiada Agua de la Avería, continuar hacia la cima del cerro Yaretas, unirla con la del Panorama, bajar hacia la ruta 7, cruzar el puente ferroviario a la altura de Río Aventura y finalmente arribar a Potrerillos para tomar el colectivo en la terminal contigua a la famosa proveeduría “El Portal del Plata”. Todo ello habría de ser concretado en, como máximo, dos días y medio. 

Comparación de la travesía planificada originalmente (en celeste), y la resultante (en rojo).Fuente: Imagen satelital de Google Earth.

 

Además de estudiar virtualmente en profundidad el recorrido a seguir, había decidido crear un grupo de WhatsApp, en el que incluiría tanto a mis padres, como al querido Pablo Vitale Mosso, instructor del CUDA, con motivo de informarles cada uno de mis pasos, frente a cualquier imprevisto que pudiese surgir. 
 

Y el momento llegó …

 

Situémonos nuevamente al año pasado. Había tomado la decisión de emigrar a Sao Paulo, -ciudad en la que resido al momento de escribir estas líneas- en busca de un mejor futuro laboral. 

Aún no había comprado el pasaje pero sabía que el viaje a Brasil no habría de ser posterior al mes de octubre. Era agosto y se me estaba acabando el tiempo. ¡Urgía conocer Agua de la Avería! Luego de mucho dudar y rumiar acerca de ir solo o acompañado, y de ver cómo habría de llegar hasta allí (si desde Potrerillos o El Challao; si aprovechar y encumbrar también el Yaretas…) –razones por las cuales fueron pasando muchos meses– tomé la decisión de ir en solitario y lo más pronto posible. 

Había llevado al zapatero a poner a punto mis viejas botas de caña alta de cuero, con la esperanza de que estuvieran listas para el día miércoles 27 de agosto, fecha en que daría inicio a la travesía. Pero el destino no quiso que fuese así: a primera hora de esa jornada fui informado de que no habrían de estar prontas. Tuve que recurrir a mis queridas zapatillas de running, resoladas con suelas aptas para trekking. Sabía que no era la mejor opción, puesto que un buen calzado es uno de los pilares de una óptima travesía. Pero no tenía alternativa, debía calzarme las zapatillas y arrancar inmediatamente, puesto que el pronóstico anticipaba: “este miércoles habrá tiempo bueno, cielo algo nublado con poco cambio de la temperatura y vientos moderados del noreste. Estará un poco nuboso en cordillera y la temperatura máxima será de 24°C. Para el jueves se pronostica un día con tiempo bueno, cielo algo nublado con poco cambio de la temperatura y vientos leves del noreste. Estará un poco nuboso en cordillera y la máxima llegará a los 24°C. Para el viernes: parcialmente nublado y ventoso con leve descenso de la temperatura, vientos moderados del sector sur. Lluvias y tormentas hacia la noche. Nevadas en cordillera. Máxima: 22°C”. 

(Fuente: https://www.mendovoz.com/actualidad/provinciales/2025/8/27/asi-estara-el-tiempo-este-miercoles-27-de-agosto-en-mendoza-160602.html).

 

La primera jornada 

(miércoles 27/08/25)

 

Al cabo de dos colectivos desde casa, por fin llegué al punto de inicio de tan anhelada travesía. 

Punto n° 1: 09:34 h. – Iniciando la caminata, en la nueva rotonda sobre la ruta 99, conocida como “circuito Papagayos – El Challao” (32°51'38.33"S 68°55'28.64"O – 1061 msnm.); minutos después de haber descendido del segundo colectivo.

 

Siendo las 09:34, puse primera, me tomé una selfie, y comencé a caminar hacia Puerta de la Quebrada, donde habría de hacer una breve pausa para ultimar los preparativos, como colocarme protector solar, hidratarme y ponerme mi infaltable casco y los anteojos de protección.

Punto n° 2: Con el equipo y los últimos preparativos a punto, listo para comenzar con la aproximación a la base del cerro Áspero.

 

Una vez concluido lo anterior, proseguí mi caminata, para entrar a la quebrada del Manzano (sobre la cual discurre el río seco Casa de Piedra) y arribar hasta las pircas que delimitan el inicio del sendero de ascenso del cerro Áspero, justo antes de la gran pared amarilla situada a mano izquierda de la quebrada. Fue durante la subida al mismo que empecé a sentir el peso de la mochila. 

 

Punto n° 3: 10:33 hs. – Inicio del sendero al cerro Áspero (32°51'25.31"S 68°56'33.71"O – 1148 metros – distancia respecto al hito anterior: 0,6 km. –  distancia acumulada: 2,3 km).

 

Punto n° 3: Estas frondosas jarillas marcan el punto de inicio del sendero del cerro Áspero.

 

Inmerso en la soledad

 

Completamente en solitario, y al son de la música que sonaba de mi celular, fui ganando metros sin prisa pero sin pausa, hasta que al cabo de varios kilómetros divisé dos siluetas moviéndose sobre la joroba cumbrera del Áspero, las cuales luego perdí de vista.

Minutos más tarde, al llegar a la cumbre, me encontré con dos muchachos, cuyos nombres no recuerdo. Debo confesar que sentí algo de desazón frente a la sorpresa de no encontrarme completamente solo. Intercambiando algunas palabras, me comentaron –si mal no recuerdo– que éste era su segundo intento y primera conquista en el Áspero. Transcurrieron unos minutos de amena charla, y luego de un apretón de manos, emprendieron el descenso por la ruta normal. 

Nuevamente inmerso en la soledad, proseguí con las imprescindibles tareas de buscar, si los hubiere, testimonios de anteriores ascensos, como así de dejar el mío; descansar, comer algo, tomar fotos y fundamentalmente hidratar. 

 

Video: Travesía desde el Challao hasta Potrerillos

 

 

Punto n° 4: 14:23 hs. – Cumbre del cerro Áspero (32°50'39.77"S 69° 0'2.27"O – 2251 metros. – distancia respecto al hito anterior: 6,9 km. –  distancia acumulada: 9,2 km.). Su altitud exacta supera por escasos metros la expresada en su cartel cumbrero, de acuerdo al sistema SRTM de Google Earth. Desde esta cumbre, y hacia el noroeste, es posible divisar al fondo el cerro Chimenea.

 

Punto n° 4: Junto al cartel del cerro Áspero, mirando hacia el norte. Es posible observar, en el segundo plano, el cerro Cajón del Medio (erróneamente llamado “cuchilla Quemada”); en el tercer plano, la loma Extendida y el cerro Vizcacha; en cuarto plano, la cuchilla del Mal Paso; y por último, al fondo, el cordón de Las Peñas.

 

Con los pies en la cima del cerro Mesillas

 

Recuerdo que al redactar mi comprobante para depositarlo en receptáculo del cartel cumbrero, había escrito que no había hallado testimonio previo. Pero al mover unas piedras que sostenían a dicho cartel, encontré uno… ¡Y el mío ya lo había redactado! El tiempo apremiaba y no quería escribir uno nuevo, así que continué rumbo a mi siguiente objetivo: el cerro Mesillas. Para llegar al mismo, supuestamente ya conocía el camino, puesto que había estado en el mismo en tres oportunidades previas. Sin embargo, aquí comenzaron las complicaciones: en vez de retroceder hacia el este y descender al portezuelo contiguo a la joroba cumbrera, acorté camino bajando en dirección al noroeste. No recuerdo bien cuánto tiempo perdí tratando de ubicar, entre las piedras sueltas y la frondosa vegetación, la huella correspondiente. Hasta que por fin la encontré, al salir de una hondonada por encima de los 2180 metros de altura.

Algo cansado, continué el camino hacia el Mesillas. Para mi gratitud, a medida que avanzaba fui encontrando vegetación negruzca, característica del sector comprendido entre este cerro y su precedente, lo cual claramente guardaba en mi memoria desde aquellas ascensiones previas. 

Momentos antes de llegar a la cima del Mesillas, me encontré con unas grandes rocas salientes que interrumpían la huella, las cuales fui sorteando a medida que avanzaba; como así los primeros manchones de nieve que encontré, a los cuales recurrí para calmar mi sed. 

Siendo las 18:25, e inmerso en una sensación de júbilo, por fin puse mis pies en la cima de este cerro.

Punto n° 5: 18:25 hs. En la cumbre del cerro Mesillas (32°50'34.55"S 69° 2'2.08"O – 2523 metros. – distancia respecto al hito anterior: 3,5 km. – distancia acumulada: 12,7 km.). Nótese la ausencia de la “s” al final del nombre escrito en el cartel.

 

Punto n° 5: En la cumbre del cerro Mesillas. Se destaca al fondo el cerro Chimenea.

 

Punto n° 5: Orientando la vista hacia el este, es posible observar las cumbres de los cerros Vizcacha, Gateado, Arco y Áspero.

 

Punto n° 5: Alzando la vista hacia el noroeste, sobresale el cerro Chimenea, entre el mogote Claudio Tapia, a la izquierda y el cerro Guamparitos, a la derecha. El sol, ya escondiéndose, impide divisar la cumbre del cerro Pelado.

 

Atardecer en la cumbre del cerro Guamparitos

 

Repetí los menesteres y rituales cumbreros, dejé mi testimonio y seguí hacia el cercano cerro Guamparitos.

Es así que en momentos del crepúsculo vespertino llegué a esta hermosa cumbre.

Punto n° 6: 19:23 h Junto al cartel cumbrero del cerro Guamparitos (32°50'5.00"S 69° 2'12.33"O – 2537 metros. – distancia respecto al hito anterior: 1 km. – Distancia acumulada: 13,7 km.).

 

Recuerdo haber realizado las tareas de rigor, pero no tengo bien claro si dejé comprobante o no. Apremiado por el hecho de que el sol ya se había ido a acostar, no fue mucho el tiempo que estuve en la misma.

Punto número 6 bis: 19:39 hs. Crepúsculo vespertino sobre el Gran Mendoza, desde las cercanías del mogote cuyo nombre desconocía. (32°50'12.00"S 69°2'30.68"O – 2550 metros – distancia respecto al hito anterior: 0,6 km. – distancia acumulada: 14,3 km.). Al centro, puede observarse el cerro Guamparito; por detrás, los cerros Gateado, Arco y Áspero.

 

Punto n° 7: 20:53 hs. A escasos metros de la cumbre de este mogote. (32°50'2.27"S 69° 2'56.19"O – 2640 metros. – distancia respecto al hito anterior: 0,8 km. – distancia acumulada: 15,1 km).

 

Un vivac diferente a metros de la cumbre

 

Ya con las últimas luces, y ayudado del GPS en mi celular, momentos después llegaría a escasos metros de la cima del “mogote sin nombre”. Exhausto, a orillas de la huella, tomé la decisión de armar el vivac allí. 

Debido a la cantidad de jornadas de caminata, sumado al hecho de que, como bien es sabido, escasea el agua en este sector de la precordillera mendocina, había cargado en mi mochila alrededor de 8 litros de este preciado líquido. Gracias a semejante cantidad de peso, y al volumen que ocupaban las botellas en mi mochila, había tomado la decisión de no llevar bolsa de dormir.

 Mi confianza estaba depositada en mi querida campera de pluma, concebida –en origen y supuestamente– para tolerar temperaturas extremas de hasta 40 grados bajo cero. Además de la escasez de luz, reconozco que me faltó voluntad para armar la carpa con las varillas, cuerdas y estacas correspondientes, por lo que simplemente la extendí sobre el suelo, para depositarme dentro de ella cual bolsa de vivac. Me cubrí luego con una lona de polietileno para abrigarme del viento. Para mi fortuna, la temperatura oscilaba los 11 grados. El cielo se presentaba claro, y soplaba una suave brisa. Así, pude pasar la noche dignamente. 

 

Segunda jornada
(Jueves 28/08)

 

Desperté temprano para desayunar, ordenar el equipo y prepararme para una larga jornada de caminata. No pasaron diez minutos de que empecé a caminar, que llegué a la cima de este mogote. Para mi sorpresa, ya había sido bautizado en 2020, 9 años después de la que fuese mi primera visita a esta cumbre. El nombre asignado homenajea la memoria de Claudio E. Tapia, nacido el 24/01/1975 y fallecido el 09/09/2020. 

Punto n° 7: 07:31 hs. Cumbre del mogote Claudio Tapia.

 

Punto n° 7: Orientando la vista hacia el este, fue posible contemplar este espectacular amanecer sobre el Gran Mendoza.

 

Sin dejar comprobante en la cumbre, proseguí con la caminata hacia mi siguiente objetivo: el mogote de la Desolación, a cuya cima llegué no mucho tiempo después. Una vez más, las “tareas de rigor”, y a seguir caminando. 

Punto n° 8: 08:21 hs. Junto a la pirca cumbrera del mogote de la Desolación (32°49'51.18"S 69° 3'40.45"O – 2675 metros. – Distancia respecto al hito anterior: 1,3 km. Distancia acumulada: 16,4 km.)

 

Punto n° 8: Pirca cumbrera en la cima del mogote de la Desolación.

 

Punto n° 8: Vista al noroeste desde la cima del mogote de la Desolación. Es posible observar, al centro, Los Paramillitos.

 

Punto n° 8: Al centro es posible apreciar, cercano, el siguiente objetivo: el cerro Rincón de los Guamparitos.

 

Resignando cumbres

 

Así, tan solo media hora más tarde encumbré el cerro Rincón de los Guamparitos. Fue aquí en donde tomé la decisión de no continuar hacia los cerros Del Fierro y Pajarito, debido a su lejanía, y más que nada al hecho de que no había podido cumplir con la misión de llegar al segundo la noche anterior.

Punto n° 9: 08:50 hs. Pirca cumbrera del cerro Rincón de los Guamparitos (32°49'50.18"S 69° 4'0.06"O – 2730 metros. – distancia respecto al hito anterior: 0,6 km. – distancia acumulada: 17 km.).

 

Punto n° 9: En la cumbre del cerro Rincón de los Guamparitos.

 

Entonces, ahora debía concentrarme en empalmar la quebrada Escondida. 

Es de destacar que de aquí en más, por lo menos hasta la cima del cerro San Lorenzo, no habría de tener señal de celular. Por lo cual, debía cuidarme en cada paso que diera.

El cansancio de más de 17 kilómetros de caminata con todo el equipo a cuestas empezaba a hacerse notar. 

Era consciente de que a este ritmo el agua no habría de alcanzarme para esta jornada y la siguiente, por lo que debía encontrar alguna fuente lo antes posible.   

Punto n° 10: 09:54 hs. Empalme con la quebrada Escondida (32°50'14.39"S 69° 5'7.07"O – 2450 metros. – distancia respecto al hito anterior: 2,4 km. – distancia acumulada: 19,4 km.). Alzando la vista al sudoeste desde este punto se deja ver el cerro San Lorenzo.

 

Una de las quebradas más bellas

 

Ya con los pies en la quebrada Escondida, urgía seguir caminando y no detenerme hasta llegar a mi siguiente objetivo: el llamado “rancho de los Chilenos”. Me había comentado mi amigo Lucas Sbriglio la existencia de unas cisternas allí de las cuales podría abastecerme de agua. Esta fue la motivación para caminar los casi 7 kilómetros que separan el cerro Rincón de los Guamparitos del rancho. Recuerdo claramente el pesar de mi caminata.

 El cansancio y la sed estaban haciendo mella en mí. Trataba de no pensar en ello observando la belleza del paisaje a mi alrededor. Se trataba de una de las quebradas más bellas por las que había transitado. 

Transcurridos un par de kilómetros desde que ingresé a esta quebrada, me desvié hacia el noroeste en una bifurcación, abandonando así este valle para ubicar al rancho.

Por fin, y al cabo de unas pocas pero interminables horas logré divisar al mismo, los corrales, y un refugio de chapa. Dos caballos centinelas custodiaban el perímetro, pero no había rastros humanos. 

Punto n° 11: 11:33 hs. Vista al interior del refugio contiguo a los corrales del rancho de los Chilenos  (32°50'22.60"S 69° 6'52.42"O – 2700 msnm. – distancia respecto al hito anterior: 4,5 km. – distancia acumulada: 23,9 km.).

 

Punto n° 11: Junto al refugio
 

Sin una gota de agua

 

No obstante, mi alegría al llegar aquí rápidamente se volvió decepción al encontrarme con las cisternas completamente vacías. Caminé en busca de posibles fuentes de agua, por si hubiese alguna surgente cercana, pero nada. 

Revisé un tacho metálico que estaba cercano a la puerta del rancho, pero… tampoco nada.

Punto n° 11: Vista exterior del rancho de los Chilenos.

 

Me asomé al interior del mismo y de igual manera no encontré ni una sola gota de agua. Así que, luego de descansar unos instantes, tomé la decisión de llenar mis botellas con nieve proveniente de un manchón que se había acumulado a orillas del refugio de chapa. Era consciente de que, una vez derretida la nieve, el volumen de agua habría de ser considerablemente menor debido a la presencia de aire contenida. Pero algo sumaba, y tenía la esperanza de que ahora sí el preciado líquido me alcanzara. Un poco más relajado, aproveché para almorzar y tomar algunas fotos. 

 

Hacia la cubre del cerro San Lorenzo

 

Pasado el mediodía abandoné el rancho en busca de conquistar mi siguiente objetivo: el cerro San Lorenzo. Así que retomé la marcha y continué rumbo sur por un camino muy marcado. En determinado punto, la senda vira hacia el noroeste, y fue aquí donde me desorienté un poco. El camino más lógico no coincidía con el que había marcado en el GPS de mi celular. Así que, debí retroceder unos pasos para encontrar la subida correcta al San Lorenzo. 

Los casi 150 metros de desnivel restantes hasta su cumbre se me hicieron eternos. Comencé a zigzaguear errantemente a medida que la pendiente aumentaba. Me proponía objetivos como dar 50 pasos y parar a descansar. Fue así que finalmente pude llegar, tremendamente exhausto, hasta su cima. 

Me detuve aquí a hidratarme, comunicar al grupo mi posición y tomar fotos en dirección a los cuatro puntos cardinales. A pesar de no ser una gran cumbre, la vista era sencillamente espectacular.

Punto n° 12: 13:33 h Llegando a la cima del cerro San Lorenzo (32°51'5.29"S 69° 7'14.23"O – 3012 metros. – distancia respecto al hito anterior: 1,7 km. – distancia acumulada: 25,6 km.). Observando hacia el norte, se destaca el cerro Pelado.

 

Punto n° 12: Vista al noroeste desde la cima del cerro San Lorenzo. Pueden apreciarse, en segundo plano, parte del cordón del cerro Yaretas, y al fondo, los cordones del Plata y del Tigre.

 

Punto n° 12: Vista al oeste desde la cima del cerro San Lorenzo. Se destaca el cerro Yaretas, y al fondo, el majestuoso cordón del Plata.

 

Punto n° 12: Vista al sudoeste desde la cima del cerro San Lorenzo. Es posible divisar el cordón homónimo, como así también al centro el cerro Yaretas, y al fondo el imponente cerro El Plata.

 

Punto n° 12: Es posible observar el cerro San Ignacio y su cordón, como así a la izquierda el cerro Los Baños, el cordón de Cacheuta Sur; y al fondo el cordón de las Delicias, destacándose el cerro Negro Pabellón, máxima eminencia de la cordillera Frontal de Mendoza.  Asimismo, puede apreciarse el extremo sur del  cordón del Plata.

 

Punto n° 12: Poste de madera en la cima del cerro San Lorenzo. Alzando la vista al sudeste, aparecen el cordón del cerro Pajarito y la pampa Seca; y al fondo, la cuchilla del Agua Fría, los mogotes Colorados, destacándose el mogote Colorado Norte, y los cerros de la Cruz, Arturo Penny, Vizcacheras, Ponderado y Los Baños, entre otros.

 

Punto n° 12: También hacia el este es posible divisar los cerros Mesilla, Pajarito, Bellavista, Alfalfa, Loma Blanca, Cajón de las Minas, Melocotón y Librillo.

 

Punto n° 12: Es posible observar, al centro, los cerros Del Fierro y Pajarito, como así detrás de ellos Los Paramillitos, Los Vallecitos, y las cimas del mogote Claudio Tapia, del cerro Mesillas y del Bellavista.

 

Imagen n° 40 – Punto n° 12: Junto al poste de madera en la cima del cerro San Lorenzo.

 

Desde esta cumbre, divisé unos cien metros más abajo un camino muy marcado, justo sobre un portezuelo, al cual debía arribar para poder ingresar al cordón del cerro Yaretas. Ya algo torpe debido al cansancio, puse mis pies sobre el mismo apenas 45 minutos después de haber encumbrado el San Lorenzo. Me sorprendí ante la presencia de un cartel de madera, a la vera de la traza, que rezaba “Portezuelo - 2843 metros de altura”

Punto n° 13: 14:19 hs. En el portezuelo (32°50'48.08"S 69° 7'23.99"O –distancia respecto al hito anterior: 0,8 km. – distancia acumulada: 26,4 km.). Si bien el cartel indica 2843 m., la altitud del portezuelo supera por unos metros los 2900 metros.

 

Al momento de escribir este artículo, “descubrí” que este camino no era más que la continuación de la traza donde me había desorientado, al pie del cerro San Lorenzo; por lo que hubiera llegado a este punto de todas maneras; eso sí, sin haber pisado la cima de este último cerro. 

 

El ansia de llegar a “Agua de la Avería”

 

Ahora solamente restaba, para cumplir mi propósito de la jornada, encontrar el tan ansiado oasis denominado “Agua de la Avería”, y luego, la cumbre del cerro Yaretas.

Desde este punto se desprende una sucesión de morros de baja altitud que se empalma con el cordón del cerro Yaretas, los cuales decidí faldear debido al cansancio. 

Apagué mi celular para ahorrar batería, y fui avanzando “a ciegas”, pero prestando mucha atención a la presencia de la hondonada donde habría de situarse esta aguada. Debido a la altitud, los manchones de nieve acumulada en las laderas aumentaban su magnitud haciendo que se me hundieran los pies hasta casi las rodillas. Así, la humedad logró traspasar las membranas de mis modestas zapatillas, mojando mis medias. Pero nada eso me importaba: debía cumplir mis objetivos a toda costa, antes del poner del sol.

 

Un pequeño hilo de agua y el final de años de espera

 

Así, y al cabo de poco más de dos interminables horas desde que abandoné el portezuelo, prendí el celular pues sospechaba que había encontrado el sitio de la aguada. Y así fue: ¡lo había logrado! Tantos años de espera habían llegado a su fin. Tenía frente a mis ojos nada menos que a Agua de la Avería. 

Estaba desahuciado; no obstante me permití experimentar una sensación de júbilo. Ni el hecho de que, debido a la temporada casi no manaba agua de la misma, se opuso a mi gratitud por haber cumplido mi sueño. 

Punto n° 14 –  16:40: Llegando a “Agua de la Avería” (32°50'56.34"S 69° 9'12.08"O – 2850 metros. – distancia respecto al hito anterior: 3,8 km. – distancia acumulada: 30,2 km.).

 

Punto n° 14 – En “Agua de la Avería”.

 

De nuevo con los pies en la tierra, debía hacer un último esfuerzo y llegar a la cima del cerro Yaretas antes del anochecer, para volver a Mendoza al día siguiente, puesto que se avecinaba la tormenta de Santa Rosa.

Como bien dije, apenas brotaba un pequeño hilo de agua entre la vegetación circundante, lo cual me hizo dudar de su salubridad. Por tal motivo, no pude aquí tampoco abastecerme. Así que de ahora en más debía cuidar cada gota como si fuese oro. 

Punto n° 14 – Vista a “Agua de la Avería”.

 

Punto n° 14 – Vista a “Agua de la Avería”

 

Transitando faldeos, subidas y bajadas

 

Al cabo de unos instantes, abandoné este oasis, bordeándolo hacia el oeste. Lo más lógico hubiera sido salir de la hondonada, caminando unos cientos de metros en subida hacia el norte, para continuar por la arista hacia la cima del cerro Yaretas, pero mis pies hacía rato que me habían dicho “basta”. 

Luego de una sucesión repetitiva e interminable de faldeos, subidas y bajadas, a una altitud de 2960 metros, divisé no muy lejos de mí una huella muy marcada. Se trataba de aquella que era utilizada para el mantenimiento de la antena en la cumbre de este cerro, la cual nace varios kilómetros más abajo, en el puente ferroviario sobre la ruta 7, a la altura de Río Aventura.

De ahora en más, era sólo caminar. Más que de mis pies, el hecho de llegar a la cumbre del cerro Yaretas dependía de mi fuerza de voluntad. 

Prendí el celular una vez más, para tener noción de cuánto faltaba para llegar a la misma, y desde ese punto restaba apenas poco más de kilómetro y medio. Así fue que llegando a un pequeño portezuelo previo a la cima, por fin divisé la antena. Lo estaba por lograr. Sólo faltaban unos pocos metros más, y una última subida. Por fin, siendo las 18:48 encumbré el cerro Yaretas, punto más elevado de esta aventura. 

Punto n° 15: Vista de la cima del cerro Yaretas. Además de las antenas, en la cumbre se encuentra un artefacto que marca el punto geodésico establecido por el Instituto Geográfico Nacional (IGN).

 

Punto n° 15 – 18:42 hs. Antena en la cima del cerro Yaretas (32°52'3.87"S 69°10'12.32"O – 3111 metros. – distancia respecto al hito anterior: 3,3 km. – distancia acumulada: 33,5 km.) La misma, instalada por el Ejército Argentino, sirve como un punto nodal para sus redes de comunicación estratégica. Estas instalaciones funcionan como repetidoras de señales, similares a las de otros cerros cercanos (como el Pelado o el Invernada), permitiendo la conectividad en zonas remotas de la precordillera (según información disponible).

 

Punto n° 15: Junto a las instalaciones en la cima del cerro Yaretas

 

Dificultades y viento en la cumbre

 

Debido a que llegué aquí con una buena cuota de luz por delante, no tuve excusas para armar la carpa como corresponde. De esta manera, monté mi refugio y lo amarré de las torretas geodésicas que se encontraban instaladas ahí mismo. 

Recuerdo que la señal de celular era intermitente. Por ello, estuve varios minutos tratando de comunicarme con el grupo para informarles de mi posición. 

Pero para mi desgracia, de aquí en adelante no todo fue presentándose de “color de rosas”: falló mi calentador, por lo que no pude preparar una cena como corresponde –en su lugar no tuve más remedio que comer los restos de unos sándwiches maltrechos–; se averiaron tanto el cierre de la carpa como de mi campera de pluma; el viento comenzó a soplar con más vehemencia, y por si fuera poco, la batería de mi teléfono se había desplomado al 9% de su carga.

Si bien llevaba 3 cargadores portátiles, todos fallaron al momento de cumplir su función. Así que la euforia dio lugar a la ansiedad, frustración y casi a la desesperación: ¿cómo habría de bajar al día siguiente, semejante cerro –desconocido para mí–, a ciegas?

Abrumado frente a esta situación, ya de noche, me introduje dentro de la carpa, cubriéndome como pude con la lona, para tratar de resguardarme del inclemente viento. Debo admitir que no fue la mejor noche de mi vida, pero afortunadamente pude sobrevivir a ella. 

 

Tercera jornada (Viernes 29/08)

La incertidumbre del descenso

 

Desperté con las primeras luces del alba. Desayuné lo poco que me quedaba de mis provisiones, reagrupé mi equipo y levanté campamento. La incertidumbre por el descenso aún era persistente en mí. Pero no había alternativa: debía bajar a como diera lugar. 

Mis piernas estaban cansadas. No paraba de repetir en mi cabeza ¿cómo conseguiría este propósito?.

Prendí mi celular para, al menos, tratar de ubicar el filo descendiente correspondiente, y para mi sorpresa la batería había aumentado a un 20%, quizá gracias al calor de mi abrigo. Así que aproveché para informar al grupo de que estaba presto a bajar. Esto ayudó a mermar un poco mi ansiedad. No obstante, decidí apagar mi móvil para encenderlo únicamente frente a eventualidades. Así, deposité mi confianza en mis sentidos, mis habilidades y toda la experiencia que había ganado a lo largo de tantos años, para poder llegar a buen puerto. 

Sabía que, a mi derecha, es decir hacia el oeste, habría de acompañarme a lo largo del descenso primero la quebrada de los Gateados, y detrás, la cuchilla de los Cinco Mogotes. Así que debía prestar mucha atención, puesto que eran mis mayores referencias. 

 

En determinado punto el camino se bifurca en dos aristas, una de las cuales se comunica, mucho más abajo, con el cerro Panorama. Inclaudicable en mi decisión de no perder de vista a la mencionada cuchilla, tomé el filo de la derecha, lo que determinó más adelante que no pasara por la cima de este cerro.

Así, fui perdiendo altitud a medida que me encontraba con escollos en el camino, los cuales fui sorteando erráticamente. Al cabo de una sucesión de morros, me encontré con uno que, cual joroba del cerro Áspero, se interpuso en mi senda, dificultando aún más mi trayecto. 

No sólo eso, sino que el camino después de esta peña no se presentaba muy prometedor. Así que decidí prender una vez más mi celular, para avisar al grupo que habría de descender por una quebrada situada hacia el este, que había contemplado unos metros antes.

 Recibí un mensaje de Pablo, el cual imperaba “te quiero hoy mismo en tu casa, porque se viene la tormenta de Santa Rosa”… Tomé unos sorbos de agua, descansé unos minutos, y me dirigí al empalme con la misma, rogando que no se interrumpiera con paredones ni saltos. 

El terreno sobre el cual discurrían los poco más de 130 metros de descenso hacia el empalme con esta quebrada no era de lo mejor, por lo que tuve que bajar sentado en varias oportunidades, aferrándome a la vegetación para no resbalarme. Una vez que, por fin, logré descender hacia ella, pude relajarme un poco, a pesar de que al principio la espesura era muy frondosa, y sobre todo, arbustiva y espinosa.

Esta quebrada, cuyo nombre desconozco, discurre casi en dirección norte-sur, y enfrenta a los cerros Panorama, al este, y Tortugón, al oeste. Grata sorpresa me llevé al descubrir que ya había caminado antes por este valle, puesto que logré reconocer, a lo lejos, un pequeño roquerío rojizo, el cual está cercano al inicio de la senda de ascenso al Panorama. 
 

Estaba concluyendo la travesía

 

Paso a paso me iba acercando al perilago norte del embalse Potrerillos. Asimismo, comenzaron a aparecer los primeros vestigios humanos: los restos de un asado, alguna que otra botella o envoltorio. Esto me motivó sobremanera, ya que –por fin– estaba concluyendo la travesía. 

Al borde del agotamiento extremo, sólo faltaba caminar unos metros, para llegar a las vías del antiguo ferrocarril transandino, y cruzar el puente para llegar finalmente a Potrerillos. 

Es de destacar que, contrariamente a mi orgullo, y por la necesidad imperiosa de llegar a casa, había descartado la posibilidad de tomarme el colectivo de regreso a Mendoza en la villa Potrerillos. En su lugar, habría de esperarlo ni bien cruzara el puente. Pero el destino tenía otros planes para mí. 

El sonido de los camiones yendo y viniendo por la ruta Nacional 7 se hacía cada vez más prominente. De repente, avisté el viejo horno de fundición a la vera de las vías. Y metros más adelante, el puente ferroviario. Casi lloré de la emoción. Ni bien lo crucé, me tomé la que pensé sería la última selfie de la aventura. Pero no. 

Hecho un despojo dejé caer mi cuerpo a la vera de la ruta. Tomé aliento, un poco que me quedaba de agua, y descansé unos momentos. Me dispuse a ordenar y guardar todos los bártulos que estaban fuera de la mochila, con la intención de subirme al eventual colectivo lo más dignamente posible. 

Punto n° 17: Puente ferroviario: 13:06 hs. (32°55'36.68"S 69°13'24.90"O – 1400 metros. – distancia respecto a la cumbre del cerro Yaretas: 10,5 km. – distancia acumulada: 44 km.).

 

Mientras esperaba, del otro lado de la ruta, observaba a los operarios de una grúa que estaban asistiendo a un camión varado. Se trataba de las primeras personas que veía desde aquellos muchachos con los que me había encontrado en la cima del cerro Áspero, dos días atrás. Pensé en pedirles agua, pero no sé por qué me abstuve. 

El tiempo fue pasando, hasta que por fin avisté a un colectivo de Buttini.  Alborozado, le hice señas para que se detuviese. Pero esto no ocurrió. –Debe estar por pasar otro–, me dije. El tiempo fue transcurriendo y el calor me sofocaba. Pasó un segundo ómnibus, y la situación se repitió. Y al cabo ya, de dos horas de estar sentado a la orilla de la ruta esperando, justo después de que este asunto se reiterase una vez más, me mentalicé en que debía irremediablemente caminar hasta la villa Potrerillos para tomarme el colectivo de vuelta a Mendoza. 

Fue así que, algo recuperado pero con el cuerpo aún bastante dolorido por semejante esfuerzo, emprendí los últimos kilómetros que me separaban de mi destino. Paso a paso fui ganando kilómetros, y trataba de no pensar en lo que me faltaba por recorrer para no darme por vencido. Decidí tomar el desvío que llega hasta Argentina Rafting para acortar la caminata. 

El río Mendoza por fin daba lugar a la cola del dique. Casi tambaleando iba pisando el lecho lodoso otrora cubierto por el lago, al son de un pensamiento repetitivo que invadía mi cabeza, el cual me decía “voy acortando camino, voy acortando camino…”

Fui dejando atrás el bosque sumergido y la zona de los campings, a medida que el filo del cerro Cocodrilo iba decreciendo, hasta por fin llegar a la proveeduría. Como si se tratase de un autómata, ingresé a la misma. Compré allí una botella de agua saborizada y unas galletas rellenas para tratar de saciar mi sed y hambre inconmensurables. Acto seguido, crucé la ruta y por fin me senté en el refugio de la terminal a esperar el colectivo… El cual habría de pasar dentro de dos horas.

Punto n° 18: 16:08 hs. Final: Frente a la proveeduría de Potrerillos (32°57'23.66"S 69°11'46.81"O – 1400 metros. distancia respecto al hito anterior: 4,6 km. – distancia total: 48,6 km.)
 

Regresando a casa

 

Entre intercambiar algunas palabras con la gente que estaba presente y escuchar el ajetreo de la villa Potrerillos fue pasando el tiempo hasta que por fin llegó el ómnibus. Una larga fila se juntó para subir al mismo y tratar de hacerse de un asiento… Por lo que tuve que viajar de pie hasta la terminal de Mendoza. 

Este recorrido, debido al cansancio físico y mental se me hizo eterno. Al transcurrir casi una hora y media de viaje por fin llegué a la terminal, todavía en una pieza. Sólo restaba caminar unas cuadras hasta la parada de ómnibus situada sobre la calle Salta entre Alem y Garibaldi para tomar el colectivo que me dejara en casa. El resto es historia: saludar a mi familia, una buena ducha y a prepararse para la siguiente aventura.

Resumen de la travesía realizada. Composición: Emiliano Gabriel Vidal.




ARTÍCULOS RELACIONADOS

Actividades · Viajes y expediciones

Ascensión al cerro Pircayanas, de 4686 metros, ubicado en el Cordón del Plata

Actividades · Viajes y expediciones

Conocé la historia y los misterios del cerro Santa Elena

Actividades · Viajes y expediciones

La misteriosa aventura de la ascensión al cerro Taguas en la provincia de Mendoza



ARTÍCULOS RELACIONADOS

Actividades · Viajes y expediciones

Expedición ascendió el Cerro Paraguay, Provincia de Mendoza

Actividades · Viajes y expediciones

Relato sobre una tormenta inesperada en el Cerro El Plata, provincia de Mendoza

Actividades · Viajes y expediciones

Travesía en la zona del Cerro Negro en la provincia de Mendoza






| COMENTARIOS(0)


No hay comentarios aún, sé el primero!




| ARTÍCULOS RELACIONADOS


Actividades · Viajes y expediciones

Ascensión al cerro Pircayanas, de 4686 metros, ubicado en el Cordón del Plata

Actividades · Viajes y expediciones

Conocé la historia y los misterios del cerro Santa Elena

Actividades · Viajes y expediciones

La misteriosa aventura de la ascensión al cerro Taguas en la provincia de Mendoza

Actividades · Viajes y expediciones

Expedición ascendió el Cerro Paraguay, Provincia de Mendoza

Actividades · Viajes y expediciones

Relato sobre una tormenta inesperada en el Cerro El Plata, provincia de Mendoza

Actividades · Viajes y expediciones

Travesía en la zona del Cerro Negro en la provincia de Mendoza

Ediciones Anteriores

Mail: info@culturademontania.org.ar

WhatsApp: +54 11 3060-2226

Instagram: @ccam_arg

www.facebook.com/ccamontania

Contáctate y comenzá

la aventura de integrarte

a la red cultural