A mediados de diciembre del año 2025, se inició la demolición de un muro conocido como “la palestra” que se había levantado en 1982 en terrenos del entonces Centro Deportivo Nacional (CEDENA) en Núñez, hoy con el nombre de Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD).
Yo sentí por supuesto que cada golpe de esa gran “pala” destructora sobre las piedras y el cemento, era un sacudón a los tiempos de encuentro los fines de semana en busca de una buena forma técnica y las maniobras y, sobre todo, con los sueños de objetivos de ese verano.

Pero más allá de las muchas connotaciones que tiene ese muro en lo personal, vino a mi interés, el repaso de los tiempos en que el Centro Andino Buenos Aires (C.A.B.A.) fundado en 1950, reunía a sus asociados en “montañas” de cemento para que allí se formaran en los primeros pasos de la escalada en roca antes de las salidas a las serranías más cercanas.


El tiempo y la distancia real a las rocas naturales condicionaba las horas que cada uno podía dedicar a un sueño sin nieve ni vientos de altura, pero que a su vez alimentaba la aventura de llegar a las montañas desde la llanura de la gran ciudad.

Y las referencias en ese sentido (y es un propósito de esta nota) se remontan los inicios de la vida institucional del C.A.B.A. y las convocatorias a los socios a través de sus boletines internos a distintos lugares de entrenamiento, a distintas “palestras” que se “inventaron” o se construyeron a lo largo de su historia.
El repaso de esos puntos de reunión de incipientes andinistas, deja en evidencia que siempre se encontraron formas para desarrollar la técnica y la unión de quienes sentían el “llamado” de la montaña.


En las viejas paredes de ladrillo de una destilería abandonada en Escobar, se iniciaron los primeros cursos y el lugar, al que bautizaron “cerro C.A.B.A.”, era el punto encuentro. En el muy modesto “Boletín” del 22 de octubre de 1951, se daba a conocer la “actividad en Escobar”: “Luego de la realización del primer curso de capacitación andina las paredes del cerro C.A.B.A. se vieron siempre concurridas. Todos los domingos hay actividad; recordamos a todos nuestros asociados que todos los fines de semana hay allí andinistas capaces de asesorar a quienes concurran a entrenarse.”


Un año más tarde, las paredes de Escobar se vieron engalanadas con la presencia de los escaladores franceses que acababan de vencer al Fitz Roy en la Patagonia, considerado uno de los objetivos más difíciles de escalar. La crónica de entonces se volcó en el boletín publicado en marzo-abril de 1952, y tiene en la portada de sus 4 páginas, un título más que sugestivo: “Alpinistas franceses en Escobar”.
Transcribo los comentarios sobresalientes: “El domingo 22 de marzo tuvo lugar en el marco de nuestro cerro C.A.B.A., un asado al aire libre que el C.A.B.A. ofreció a los escaladores franceses que acababan de vencer al Fitz Roy. Concurrieron René Ferlet, Guido Magnone, Lionel Terray, Louis Depasse y el teniente del ejército argentino Francisco Ibáñez quien con los demás nombrados tomó también parte en la expedición francesa, agregado por el gobierno nacional. Asistieron asimismo numerosos escaladores de nuestro medio, animados todos por el interés de ver el desenvolvimiento de los famosos trepadores… René Ferlet abrió una nueva ruta en el basamento de la chimenea. Guido Magnone tomó algo de envión y con una pequeña flexión de brazos y restablecimiento sobre una sola mano, ascendió el basamento de la chimenea por su canto con sobretecho más difícil.
Mientras tanto, el asado iba tomando formas suculentas y pronto tuvo general aceptación por parte de la concurrencia. Dos acordeones aparecieron, tocados por las gentiles manos de nuestra sección musical y cantos montañeses se oían bajo los eucaliptus... Esperemos que al volver a Francia los famosos trepadores lleven un simpático recuerdo de nuestra “Brique” (ladrillo) y de sus pobres escaladores que contagiados por el bacilo de la montaña no tienen fuera de ella, ni una sola roca en 300 kilómetros a la redonda.”

En un recuadro aparte, con el título “3 años de Escobar” se agrega: “Hace más de 3 años fue descubierto Escobar…Más de 3 años hace que las paredes de la anciana destilería se “pueblan” de escaladores. De escaladores, de andinistas, de semilaicos, de laicos…Al principio fueron tímidos ensayos, Las primeras ascensiones al 2º piso eran unánimemente admiradas. Íntimamente temidas. Se trajeron los primeros clavos para dar seguridad en “las alturas”. Poco a poco el avance es más rápido. Durante la semana se piensa en nuevas rutas. Se hace gimnasia. Se afina el entrenamiento. Algunos se entrenan en Escobar. Otros para Escobar…El rappel comienza a imponerse en los descensos. A veces necesario, a veces por comodidad. El “artificial” también llega y con él, las rutas extremas. La primera ascensión del Techo es otro mojón en la ruta del progreso. El rappel desde la chimenea. Los péndulos. Los vivacs en pared…La historia parece corta. Tres años. Para muchos significó algo. Para algunos significó mucho. Primeros pasos de escalada y caídas, “sexto grado” y “estribos”, compañerismo con recuerdos y proyectos; noches de carpas, canciones. La última ruta abierta pertenece a René Ferlet…”



“Son los lugares que nos permiten estar continuamente entrenados, poner en práctica los primeros conocimientos básicos, probar un nuevo material y hasta conseguir amigos. Somos montañistas en el extremo de una despiadada llanura y en el otro extremo tenemos otro más despiadado llano, el mar. Ambos son hermosos pero no aptos para satisfacer nuestros sueños…
Hablar de la importancia de las palestras es reiterar lo tantas veces dicho: el permanente contacto con la pared es lo que nos prepara para un objetivo de dificultad, de manera que los socios con miras a esos objetivos deben tratar de acudir a ellas en cuanto oportunidad tengan. Hoy hacemos una reseña de los lugares que nos permiten un entrenamiento de “escalada” aquí en la Capital…”.



Ofrece varias posibilidades. A la altura de la Avenida Del Tejar, está la “pared” más frecuentada por los socios del CABA. Sus lajas ofrecen una excelente palestra de práctica para la más depurada técnica en libre. Tiene un alto aproximado de 3 metros y un largo suficiente como para realizar travesías. Sus características no ofrecen mayores comentarios ya que presenta las clásicas microtomas y mucha verticalidad. Dada su altura puede practicarse sin seguro y si bien es óptimo el uso de zapatos rígidos, pueden utilizarse tanto zapatillas de escalada como botines de montaña. Vamos a detallar otras de características similares que pueden alternarse con la anterior, pero destacamos que la pared de la Av. Gral Paz y Av. Del Tejar es el punto de reunión por excelencia, todos los sábados a partir de las 4 de la tarde en adelante.


La “San Martín“ en el cruce de esta avenida con la Av. Gral. Paz, alcanza una altura de unos 5 metros y ofrece la variante de unos diedros por demás interesantes.
Siempre por la misma Gral. Paz y a la altura del Club Banco Nación se encuentran las “paredes del Banco Nación” como solemos llamarlas. Aquí la altura es superior: 7 metros y su verticalidad es de 90º. Presenta una larga fisura, travesías y un diedro de seria dificultad. No está demás la práctica con el seguro correspondiente, además lo aconsejamos por ser un elemento de especial consideración dentro de nuestra actividad. Al hecho de ir familiarizándonos con la soga, se le agrega la necesidad de salvar una pequeña caída que puede traernos un trastorno considerable.

Pensando en las pocas posibilidades que nos ofrece nuestra ciudad en este sentido, resaltamos particularmente la necesidad de efectuar un entrenamiento en libre en estas paredes. La “salida” a una terraza, pequeña ascensión por un fisura, “adherencia”, equilibrio y hasta la técnica para destrepar pueden practicarse sobre las lajas de estas pequeñas palestras.
Hermoso punto de reunión aunque expuesto al paso de los autos sobre la General Paz y alguno que otro grito de burla para quienes andábamos encaramados en las lajas de la pared. Por aquí pasamos todos y hasta algún famoso como el estadounidense John Bachar (1957-2009), un ícono de Yosemite de los años ‘70 y ‘80, conocido por el búlder, el solo integral y el entrenamiento físico y que vino a Buenos Aires en su camino a Patagonia acompañando a Jim Bridwell.
A pocos metros de las Avdas. Del Tejar y Gral. Paz hacia el lado del “Parque Saavedra” se encuentra “la torre” palestra para la práctica de artificial. Aquí es conveniente trabajar con una soga de seguro (largo 30 metros) y poner especial atención en la colocación de los mosquetones y en la técnica con estribos…Es indistinto usar estribos de cina o con peldaños de aluminio pero es importante la práctica de los nudos de seguridad y de todas las formas de “rappel”. La altura de la torre es de unos 15 metros.
Muchas veces pensamos que es peligroso engolosinarse con la práctica de artificial ya que se pierde contacto con la “pared” y la forma “pura” de escalar pero entendemos que se debe tomar como entrenamiento complementario.
Es bueno dominar los principios básicos del artificial sin tomarlo como rutina y superar las trabas psicológicas de la “exposición” aunque sea a 10 metros del suelo.


Aquí pasé muchos sábados a la tarde compartiendo esas fantasías de imaginar una gran montaña. Después nos cruzábamos al bar de enfrente en el que el escocés Rab Carrington se tomaba dos botellas de cerveza negra. Una de las columnas tenía tomas hechas con un martillo para hacerla en libre y lo más dificultoso de esa torre que eran las columnas de una estructura de un tanque de agua que nunca existió, era hacer en artificial toda la escalera por abajo. Un trabajo que obligaba a ser prolijo con la técnica artificial y que a mí me enseñó mucho a perfeccionarla.
Es la chimenea de una vieja fábrica abandonada de Escobar, ya hoy no se utiliza por ser insegura y estar alejada.
Fui a subirla como una suerte de “homenaje” a la generación anterior a la mía y fundadora del C.A.B.A.
La verdad es que los seguros en los flejes eran precarios y lo más especial que recuerdo, es que en los metros finales, la chimenea oscilaba como un metro y metía miedo!!
Está ubicada en el terreno que posee el C.A.B.A. en Tigre. Tiene forma de “Y”. Se puede hacer oposición y libre en ladrillos y hormigón. Rodeada por la selva mesopotámica que a veces la invade, es un lugar hermoso a partir de la primavera, por el contacto con la naturaleza, la cercanía del río, la posibilidad de tomar sol y hacer asados…
Aquí fui a escalar un día y a pasar la tarde con amigos a la “isla”. Navegar en lancha para llegar y después quedarnos allí para compartir una carne y “despuntar” el vicio era un hermoso plan. Es cierto sobre la descripción del entorno y la rusticidad de la palestra a la que no iban muchos dada su ubicación.
Antes de llegar a La Plata, a pocos metros de la estación de Ringuelet, una fábrica abandonada conocida como “La Calera” ofrece paredes verticales de hormigón y ladrillos, techos y diedros. La altura es considerable: de 20 a 30 metros. Fue equipada con unos 20 clavos a presión. Ideal para rappeles.
A este lugar no lo conocí.

En el Velódromo Municipal fue completada la ruta artificial iniciada por nuestro querido y recordado “Pippo” Frasson, Esta meritoria labor tuvo como protagonistas a M. Aguilar, F. Heredia, W. Lion. F. Bravec, R. Tylka, P. Fiedrich y Diego Rueda. Cabe destacar las posibilidades de entrenamiento de esta ruta ya que luego de un sostenido artificial se abre en dos variantes.

Una es la travesía hacia la izquierda siguiendo el flanco de la columna por debajo de las gradas. La otra es pasar al doble quiebre de la ménsula en extraplomo. Ambas se encuentran en el murete terminal que también puede superarse en libre con gran exposición.”
La hice como entrenamiento y siempre la recordamos con quien fuera mi compañero de cordada Marcelo Pérez Silva.

Generosamente Avedis Naccachian, un referente de nuestro montañismo, comparte sus recuerdos sobre el tema: “Antes de las paredes del Banco Nación, entrenábamos en un muro de contención debajo de la Av. Gral. Paz. Ese muro no se veía desde la avenida, tenía menos de 3 metros de altura por algo más de 100 metros de largo, revestido en piedra “mar del plata”.
Sábados y domingos nos juntábamos y al ser un lugar bastante aislado, jugábamos una tocata con pelota de rugby entre escalas y travesías.
Con anterioridad a la construcción del Acceso Norte, comenzamos a ir al muro frente al club Banco Nación. Otro lugar de entrenamiento era una palestra que habíamos construido con ladrillos, en unos terrenos del C.A.B.A. en Tigre a orillas del río Luján, al cual algunos llegaban remando y traían los materiales para la construcción. Otro lugar, en el que íbamos equipando y practicando, es un puente debajo de la Av. Gral. Paz, que era muy poco transitado y se encuentra pegado a la estación Rivadavia de la línea de trenes Mitre (Retiro-Tigre). Equipábamos por la junta de dilatación, con clavos fabricados por nosotros y algunas cuñas de madera Todo en escalada artificial con estribos de aluminio. Esto lo hacíamos con: Edgar Kopcke, Carlos Rey y yo, como entrenamiento para hacer la segunda salida del gran techo de Sierra de la Ventana, ya equipado. Posteriormente, equipamos el techo de la pared Rosa y realizamos la primera escalada de ese techo. Todo fue parte de nuestros comienzos.”
A mitad del año 1981, el boletín C.A.B.A., en “Noticias Internas”, comentaba: “La gestión realizada por el Sr. Julio Corradi ante la Subsecretaría de Deportes se está concretando con éxito. Se trata de la construcción de una palestra donde podremos aprender los primeros pasos y entrenarnos. El proyecto está a cargo del socio arquitecto Alfredo Mazzini quien nos informa que se está construyendo en un complejo polideportivo ubicado en Núñez. Tendrá finalmente 40 metros de largo aprovechables de ambos lados y una altura máxima de 15 metros. En ella encontraremos fisuras, diedros con diferentes grados de abertura, chimeneas angostas y abiertas, techos y diferentes grados de inclinación para la escalada libre. Contaremos también con una rampa para la práctica de gramponeo.
En resumen de todo y para todos. Habrá que creer en el dicho conocido “Si Mahoma no va a la montaña, que la montaña…”.
En setiembre, el boletín tuvo como tapa un dibujo de la palestra dando a conocer en el editorial que “las gestiones por la palestra han tenido éxito y a través de la F.A.S.A. se concretó su construcción que probablemente culmine ates de fin de año”.
En julio de 1982, se daba el aviso de que ya estaban casi finalizados los trabajos de construcción de la Palestra Nacional de Escalada y se esperaba que en breve pueda ser habilitada y se dieran a conocer los mecanismos de acceso a la misma. “Además de las paredes revestidas en piedra, donde quedan dibujados, diedros, espolones, chimeneas, extraplomos, techos, etc. Se ha construido una estructura metálica que permitirá instalar tablones de madera para la práctica de gramponeo. En definitiva una obra pensada para la práctica interna de la escalada en un agradable parque con gran cantidad de árboles y que constituirá, sin duda, un importante punto de reunión para todos los amantes de la montaña.”
El boletín C.A.B.A. de octubre de 1982, transcribe los artículos que consideró más relevantes del reglamento que la F.A.S.A. (Federación Argentina de Ski y Andinismo) hizo llegar en relación al uso de la Palestra Nacional de Escalada. Define el objetivo orientado a la práctica y aprendizaje de las técnicas de escalada y dos tipos de carnet que ese organismo extenderá. Deberán ser socios de un club federado y serán dos categorías; los “principiantes” que solo podrán concurrir en el momento que esté el instructor designado y los “habilitados” en los horarios de uso de la palestra sin aquella restricción. Junto a Marcelo Aguilar, fuimos designados como los primeros instructores de la palestra en el momento de su apertura.

En julio de 1983, una foto de Alfredo Mazzini de uno de los diedros de la palestra, fue la tapa de aquel boletín C.A.B.A.

Yo estoy agradecido a todo lo que aprendí de estas “montañas de cemento”. Allí perfeccioné maniobras y puse a punto mis manos para objetivos de más de 100 metros de pared.
Estoy seguro que siempre habrá alguien dispuesto imaginar, a ir un fin de semana con una mochila y una cuerda en un colectivo hasta un lugar donde otros con la misma manía, se trepan por una pared como hormigas de colores y comparten un mate mientras hablan de glaciares y picos alejados de la comodidad. Y siempre esa capacidad, estará viva en muchos que verán montañas entre los altos edificios de la ciudad y su horizonte.












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