Nuestra caminata comenzó el día 21 de Enero 2025. Llegamos en dos camionetas hasta Laguna Blanca, un sitio que se encuentra a aproximadamente dos horas desde Barreal y donde existe un antiguo refugio de montaña del Club Andino Mercedario que está siendo en estos días reacondicionado por el club y otras instituciones.
El día sábado 25 de enero pasado, de este año 2025, siendo aproximadamente las 12:30 horas, confluimos en la Ruta Normal (Inca), que lleva a la cumbre del cerro Mercedario y a unos 5.400 metros de altura, el grupo tucumano de montaña CerrosTuc, (Evaristo y Facundo Moyano Paz, Joaquín Forcinito, Marco Muñoz y Bernabé Sola), Fabrizio Oieni (esquiador, montañista, escalador, y miembro del Club Andino Mercedario) y nosotras dos, hermanas de Paty, Corina y Silvia Altamirano.
Pudimos llevar de regreso las cenizas de Paty a “los brazos del cerro Mercedario”, lugar donde había permanecido por espacio de 42 años y sitio en el que ella había pedido habitar hasta la eternidad. La misión que nos habíamos propuesto fue lograda con mucha alegría de nuestra parte, con mucho esfuerzo y amorosa y constante dedicación al proyecto.
Pircas Superior ( más arriba del campamento Pirca de Indios) fue el lugar elegido para dejar las cenizas de nuestra hermana. Es un maravilloso lugar, alejado, alto, rodeado de montañas y donde el viento no cesa de soplar.
Este sitio en la montaña es como un balcón con un filo, denominado campamento de Pircas Superior, sitio utilizado a veces como acampe y desde donde puede apreciarse el maravilloso paisaje de parte del camino que conduce a la cumbre del Mercedario, como un promontorio en el filo llamado “ El diente”, hacia abajo el exótico Arroyo Turquesa y alrededor la imponente Cordillera de Ansilta y otras cordilleras sanjuaninas menores.
El grupo había dispuesto al organizar la expedición, que las cenizas de Paty fueran depositadas en el sitio en el que todos los integrantes del grupo podrían encontrarse para despedir sus restos, estando todos juntos.
En el suelo pedregoso de la cordillera hicimos un pequeño hueco con las manos, suficiente para que contuviera las cenizas, luego, cada uno de nosotros (éramos ocho) fue depositando un poquito de sus cenizas en la tierra y a continuación las tapamos con unas piedritas verdes, al parecer volcánicas que se veían en ese mismo sitio y por último armamos una Apacheta con piedras rosadas que eran las que estaban todo alrededor del lugar elegido.
Pati era muy especial, con una inusitada vida espiritual, pero un Alma sin dogmas ni recetas recibidas de afuera, innovadora para su tiempo, rebelde y exigente, inquieta por conocer el mundo y sus verdades. La despedida debía ser como ella, austera, sencilla y clara. Hubo un momento de silencio e introspección y luego leímos, como en coro, todos, la oración de agradecimiento que Paty escribió a los 18 años ( dos años antes de morir) y que nos quedó de regalo:
Gracias Dios mío
porque siempre estás conmigo,
porque siempre te presiento a mi lado.
Gracias por dar visión profunda a mis ojos
para que se maravillen con tus obras.
Gracias por los cerros
que hacen estallar mi Alma de gozo
y dejan exhalar de mis labios suspiros de admiración.
Gracias por los sufrimientos
que me hacen comprender a los demás.
Gracias por los seres que me rodean y las flores de mi jardín.
Gracias por el Mundo
y gracias por darme la dicha
de habitar en él.-
También leímos a continuación unas palabras enviadas y dirigidas a Paty, emotivas y amorosas, cuyo autor es Sergio Farre, amigo de la familia y antiguo socio del Club Mercedario. Aquí él la llama como muchos sanjuaninos “La guardiana del Mercedario”
Dice de ella, entre otras cosas:
…”¿Cómo habrá reaccionado tu Alma cuando te encontraste por primera vez con la majestuosidad del Valle del Colorado?, ¡cuánta magia, química y conexión emocional entre el Gigante y tu persona! Que no solamente dejó que entraras en su reino, sino que además te hizo su Guardiana"…
Y luego, usando palabras de don Víctor Ostrowski, la despide diciendo:
”¡Vuela alto Paty! Vuela…Más alto que los cóndores”.
Su deseo había sido “regresar” por eso quisimos cumplir su voluntad y cerrar esta historia con un gesto de amor para con ella, y en esto estuvimos involucrados, sus hermanos (los cuatro) no solo las que emprendimos la travesía, sus amigos, otros parientes y muchas personas que de un modo u otro fueron acercándose para colaborar con este maravilloso proyecto a donde fueron a parar todas nuestras fuerzas, nuestra energía y nuestro amor durante todo el año que pasó.
Fue un maravilloso proceso el que pudimos vivenciar como grupo que se preparó durante todo el año para lograr la misión de devolver los restos de Paty al Cerro Mercedario.
Evaristo Moyano, uno de los integrantes del grupo, escribió:
”Llevar una mochila pesada a 6700 metros de altura es difícil, pero si el corazón tiene un propósito, la carga se hace liviana”
En mayo del 2024 realicé una entrevista para esta revista del (CCAM), formando parte de su grupo editorial, a un grupo de jóvenes montañistas tucumanos (@Cerrostuc) que habían ascendido al Nevado de Chañi (5.890 metros de altura) en Jujuy, entre ellos estaban Marco y Bernardita Muñoz, dos de mis sobrinos. Este fortuito episodio despertó en mí el recuerdo de un ascenso al mismo cerro con mi hermana Paty cuando ambas teníamos 19 y 20 años y me dio la certeza de querer intentar llevar, ahora, sus restos, a donde ella quería que descansaran. Fue entonces que le pedí a este grupo de amigos desde la infancia que hacían montaña a quienes conocía y en quienes confiaba, que me acompañaran a llevar a cabo los deseos de Paty y para mi alegría el grupo Cerrostuc aceptó el desafío y comenzó entonces la planificación y la logística de lo que luego llamamos “Proyecto Mercedario”.
El grupo quedó conformado por ocho personas: los cinco jóvenes amigos de la infancia : Marco Muñoz (nuestro sobrino), Evaristo y Facundo Moyano Paz, Joaquín Forcinito y Bernabé Solá, todos ellos tienen entre 24 y 28 años de edad y nos recibieron a Silvia y a mí, de 58 y 65 años, cuidándonos, ayudándonos a “rehacernos” como montañistas, poniendo todo de su parte para que las cosas funcionaran lo mejor posible.
Creo que el cariño y el respeto hicieron maravillas en todos nosotros. Fuimos compañeros de cordada durante un año largo y lleno de vivencias, experiencias y adaptaciones, al final del cual logramos sentirnos agradecidos por la oportunidad de encontrarnos en algún lugar de estos caminos que nos va trazando la vida. Fue todo un desafío para ellos y para nosotras haber podido conformar un grupo sólido, preparado física, mental y emocionalmente para encarar este proyecto y fue también un privilegio haber vivido ¡tanto! y con tanta profundidad en tan poco tiempo.
Siempre con respeto por las montañas y mucha responsabilidad, comenzamos a entrenarnos, subiendo una vez al mes un cerro que a su vez iba siendo siempre un poco más alto y que nos presentaba nuevas dificultades a sortear. Estas ascensiones fueron siendo constantes a lo largo del año y logramos mantener esa constancia hasta días antes de la expedición a San Juan en el primer mes del año 2025.
Los sitios a los que ascendimos fueron varios y el grupo iba teniendo variación entre sus integrantes pero sentíamos que estábamos todos juntos aunque alguno no pudiese ir al viaje por alguna fortuita circunstancia. El grupo fue preparándose físicamente, algunos hicieron un intento de ascenso al volcán Tuzgle, como aclimatación para subir al Chañi y recorrieron las sendas de Chasquivil en Tucumán, otros recorrieron la zona del Cerro Negrito ( 4.660 metros de altura), los integrantes de Cerrostuc subieron también el Nevado de San Francisco( 6.016 metros de altura),, y recorrieron las Cumbres Calchaquíes. Nuestra primera salida todos juntos fue al Refugio del cerro Bayo ( 4.300 metros de altura), arriba de Tafí del Valle, luego fueron sucediéndose otros : el cerro Cabra Horco Grande( 2.744 metros de altura), el cerro Muñoz ( 4.500 metros de altura) ( con un intento de ascender al cerro Zarzo de 4. 997 metros de altura), impidíéndonos seguir un fuerte viento que nos llevó el sobretecho de una de las carpas y el corto tiempo que nos quedaba para el retorno, fuimos a la zona de las lagunas De los Amaicheños (a 4.300 metros de altura) y Huaca Huasi (a 4.350 metros de altura).
El grupo también realizó un viaje a la Puna Salteña ascendiendo los integrantes de Cerrostuc y también Javier Omodeo, a los cerros Negro y Quewar( 6.130 metros de altura) y regresando siempre de nuevo a nuestra propia zona tucumana donde la puna norteña y las características del terreno nos sirvieron de fuerte entrenamiento para nuestras expediciones.
Las actividades de montaña del grupo fueron acompañadas con entrenamientos de fuerza y resistencia realizados en forma individual por cada integrante del grupo en distintos gimnasios y también hicimos hincapié en una buena alimentación e hidratación, teniendo en cuenta nuestras expediciones de altura. Algunos de los integrantes pudieron realizar un curso de primeros auxilios en montaña.
La fecha programada para el ascenso al Mercedario se fijó para el 20 de enero de 2025.
El día 20 todo el grupo, desde distintos destinos, confluimos en la provincia de Mendoza para alquilar parte del equipo necesario para cada uno.
Ese mismo día partimos hacia Barreal, donde nos esperaban nuestros dos hermanos, Patricio y Marcelo Altamirano, con sus familias para despedirnos y desearnos suerte.
A la noche compartimos una cena entre amigos y parientes y a la mañana siguiente partimos, uniéndose al grupo Fabrizio Oieni, un amigo sanjuanino, miembro del Club Andino Mercedario, experto montañista, conocedor de la zona y excelente ser humano a quien pedí que nos acompañara. Al día siguiente viajamos hacia Laguna Blanca, (desde aquí comenzamos a caminar).
A diferencia de nuestra expedición de 1981, esta vez al ascenso lo planeamos y realizamos a través de la ruta Normal, Inca. La elección de esta ruta fue decisión del grupo Cerrostuc y fue certera, ajustándose también a mis propios anhelos, por decirlo de alguna manera, ya que en la actualidad tengo 65 años y no me sentí preparada para regresar por la Pared Sur, pese a sentir que mi cuerpo respondía cada vez mejor ante los entrenamientos y las ascensiones en montaña; sin embargo, pensaba también que iba a ser una carga no poco ligera la que sentiría regresando a la zona que transité siendo tan joven y debiendo enfrentar los episodios ligados al fallecimiento de Paty en aquellas circunstancias y me refiero al sentido de la responsabilidad, ya que nuevamente había personas cerca de mí de quienes me importaba mucho su vida y por ende su seguridad y sentía que nuestra misión debía ser lo más armoniosa, bella y cuidada posible.
Quizá también “ jugaron” miedos en esta decisión que no se curan tan fácilmente.
Ya con todo listo, arrancamos a caminar desde Laguna Blanca a 3100 metros de altura. Íbamos muy cargados de peso y de emoción, éramos ocho. Llegamos al campamento Guanaquitos a 3600 metros de altura, pero decidimos seguir avanzando hasta el próximo campamento.
Allí nos encontramos con un grupo de amigos que iban hacia el cerro Negro, entre ellos Natacha Benavente, quien fue la primera mujer que ascendió al Mercedario por la Pared Sur y que en esta ocasión llevaba a uno de sus hijos a experimentar la alta montaña utilizando por primera vez botas dobles. Fue lindo ver que el amor a los cerros se inculca y se hereda.
Llegando al campamento de Piedras Coloradas, a 3800 metros de altura, nos sorprendió una suave nevada.
Al día siguiente (21/1) salimos hacia el siguiente campamento (Cuesta Blanca a 4500 metros de altura) la nevada persistía y a la noche hubo mucho viento.
Al partir a la mañana siguiente (22/1) hubo que derretir nieve para poder llevar agua para hidratarnos.
El comienzo de la caminata fue a través de un largo y duro acarreo.
Temprano, esa tarde, llegamos a nuestro tercer campamento, Pirca de Indios a 5100 metros de altura) desde donde teníamos la magnífica vista de parte de la Cordillera de Ansilta. Permanecimos allí toda esa tarde y nos quedamos a descansar y aclimatar hasta el día siguiente.
Pirca de Indios se caracteriza por estar al lado de un glaciar en cuya base corre un arroyo de donde se puede sacar agua y algunos de los chicos hasta tuvieron el coraje de bañarse.
El clima fue maravilloso durante cada jornada, apenas el sol se ponía, entrábamos a las carpas a descansar. Durante el día, caminábamos reconociendo el terreno o nos hechábamos sobre las piedras a charlar o a tomar unos mates, como lagartos disfrutando del sol.
En este campamento nos encontramos con un montañista vietnamita que vivía en Francia, viajaba solo y había ascendido ya varias montañas de Chile y Argentina. Mientras nosotros estábamos en el campamento, él subió a la cumbre y bajó tocándole buen tiempo.
No deja de asombrarme la magia que acontece en la montaña cuando queremos comunicarnos con alguien, en esta ocasión pudimos dialogar amablemente con nuestro amigo en una mezcla de idiomas castellano, inglés y francés entendiéndonos mientras él se tomaba un té que le convidamos y que supongo fue “ un mimo” al bajar cansado desde la cumbre.
El día 25 de enero, durante la ceremonia de dejar en la tierra las cenizas de Paty, en Pircas Superior a 5400 metros de altura y con una majestuosa vista de la cordillera sanjuanina, muy conmovidos y en silencio… Se nos hizo muy difícil hallar palabras para explicar todo lo que sentimos pero mucho de ello fue felicidad, por estar todos juntos en tan increíble lugar y sentir que se cerraba una historia de montaña de más de 45 años.
Después de la ceremonia mi hermana Silvia y yo acompañadas por Fabrizio Oieni emprendimos el descenso, llegando al anochecer a Laguna Blanca, donde estaban las camionetas, luego desde allí llegamos a Barreal, donde cenamos y dormimos ¡al fin en una cama! Y al día siguiente emprendimos el regreso a casa.
Mientras tanto los cinco chicos de Cerrostuc subieron hasta el campamento de La Hoyada con el fin de hacer cumbre al día siguiente, pero el cansancio, la inclemencia del tiempo, una nevada copiosa que no cesó, el viento que tampoco se calmó y les arrancó una carpa mientras la desarmaban, impidieron la posibilidad de llegar a la cumbre del cerro y se adelantó el regreso del grupo.
Marco Muñoz y Joaquín Forcinito abrieron una nueva ruta descendiendo hacia el Arroyo Turquesa desde Pircas Superior y lograron allí recuperar la carpa que el viento les había robado. Los tres compañeros restantes siguieron su descenso por la ruta normal y los cinco pudieron reencontrarse abajo para regresar a Barreal en horas de la tarde.
En verdad creo que desde lo más profundo de sus sabias entrañas, la montaña se reserva siempre el derecho de admisión, estos jóvenes titanes tenían en sí todas las condiciones para hacer cumbre, pero la cima les fue esquiva, vaya a saber por qué designios.
Fue bueno, dicen ellos, tomar la decisión de regresar aunque faltasen menos de 200 metros para la cumbre, ya que luego se vendría una tormenta.
Fue un orgullo pertenecer a este grupo y verlos actuar ante cada situación con tanta ecuanimidad, responsabilidad y conciencia. También los vi disfrutar, reír, cantar y hacer bromas. En la montaña se movían como peces en el agua.
Estaré eternamente agradecida por tan maravilloso acompañamiento.
Hubo también, vale decir, momentos de cansancio extremo que se iba apenas llegábamos a un campamento, nos sacábamos de los hombros las mochilas y nos tomábamos un mate, en esas instancias pienso en lo maravilloso que uno puede reponerse en un rato cuando parece que ya no resistimos más el cansancio.
Todo el tiempo nos pasaba lo que a todos nos pasa en las montañas… Preguntarnos, ¿de qué manera explicar lo que se siente ascendiendo?, deteniéndonos cansados por el esfuerzo para recuperar el aire y al mirar alrededor o hacia abajo sentirnos emocionados, muchas veces con lágrimas en los ojos porque tanta belleza nos apabulla, nos sorprende, nos conmueve… y entonces nos damos cuenta de que ninguna foto, ninguna palabra, ninguna expresión puede “contarle” a quienes nunca subieron una montaña acerca de esta vivencia tan honda, tan movilizante, tan edificante para el espíritu. La frase que nos salía muy a menudo es la de “somos privilegiados y estamos agradecidos".
Una vez me preguntaron por qué elegíamos subir una montaña, creo que ancentralmente los hombres han elegido “ subir” hacia lo alto, más arriba, imaginando que allá arriba se encontrarían con Dios o con los dioses en los que creían. Quizá, es la imagen de la montaña como la del sitio entre la tierra y el cielo, en el medio, “ mediando” porque ascender es no sólo buscar lo que hay más arriba, cómo se ve todo desde arriba, sino también “ alejarse” del mundo cotidiano y físico en el que habitamos diariamente, alejarse de lo material, intentando subir con lo esencial, lo más necesario, ascender buscando la liviandad.
Subir en grupo o en solitario pero siempre en realidad “ a solas”, enfrentándonos con nosotros mismo, con nuestros miedos, nuestros más hondos pensamientos, nuestras fortalezas. Poniendo nuestras fuerzas de voluntad al límite, llevando “ al límite” nuestras fuerzas físicas y espirituales desafiando nuestros propios límites… ¿Con qué motivos?, no lo sé, quizá esos motivos son muy individuales, pero sí puedo hablar de una urgencia, una compulsión casi inpensada, una fuerza tan fuerte que nos llama o nos lleva a subir montañas y que no podemos eludir, llevándonos a querer “seguir subiendo”, una y otra vez…siempre.
Nuestro compañero de cordada, Joaquín Forcinito (Chita) siempre dice mientras va caminando: " Lo importante no es SUBIR montañas, sino ESTAR subiendo montañas”.
Y ahí creo radica la cuestión, debemos incentivar a ir subiendo montañas, porque en ese espacio de “ir subiendo” es donde ocurren todos los procesos de crecimiento, de meditación, de agradecimiento, de toma de conciencia... ahondando en nosotros mismos, calando en nuestro interior, probándonos, sosteniendo alto el coraje y la alegría, dejando que nos atraviesen las sensaciones y los sentimientos, dejando que la montaña “obre en nosotros”, cale hondo, nos enamore y nos pida regresar casi diria eternamente.
No me queda más que decir, como diría mi pequeña hermana Paty… "Gracias por los cerros que hacen estallar mi alma de gozo y dejan exhalar de mis labios suspiros de admiración… Gracias por el mundo y gracias por otorgarme la dicha de habitar en él“.
Gracias a Ansilta Oficial y Ansilta Córdoba, al Centro Cultural Argentino de Montaña (CCAM), a @Tukituks.ar, al Club Andino Mercedario a través de nuestros queridos Fabrizio Oieni, Natacha Benavente, Sergio Farre, Andrea Da Rold, Nuria Añó y Hugo Crecentino atentos a todos nuestros movimientos, a nuestros hermanos Patricio y Marcelo que nos acompañaron hasta Barreal y nos dieron fuerza, a toda la familia que estuvo atenta a las necesidades del grupo y también a los amigos que estuvieron allí en presencia o con palabras amorosas, todo el tiempo.
En estas instancias, sentirnos ¡tan acompañados! Fue maravilloso, no nos sentimos nunca solos. ¡Muchas gracias!.
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