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Cultura · Literatura y libros

Presentación del libro " Eberhard Meier, El joyero de las montañas"

Este libro es el valioso resultado de un arduo estudio de investigación histórica realizado por el chileno Alvaro Vivanco y publicado por la prestigiosa Editorial Chilena de Montaña

Alvaro Vivanco Von Borries

Alvaro Vivanco

Edición: CCAM



Quien era Eberhard Meier 

 

En la década de 1940, cuando buena parte de la cordillera central aún guardaba cumbres vírgenes y extensos territorios sin cartografiar, Eberhard Meier emprendió una serie de expediciones que marcarían un punto de inflexión en el montañismo chileno.


Desde el primer ascenso del cerro Alto en 1944 —el seismil más enigmático de la zona central— hasta la apertura de la ruta chilena del Aconcagua por la vía explorada décadas antes por Paul Güssfeldt, Meier participó en expediciones que ampliaron el horizonte andino y trazaron caminos para las generaciones posteriores. A ello se suman primeras ascensiones, exploraciones en valles poco conocidos y rutas que, en su tiempo, exigieron una planificación rigurosa, resistencia física y una determinación excepcional.


Tapa del libro “Eberhard Meier: El joyero de las montañas”, autor: Alvaro Vivanco
 


Alvaro Vivanco durante la presentación del libro “Eberhard Meier: El joyero de las montañas” en el  DAV, Chile


Basado en sus reportes originales y en documentos históricos recuperados y traducidos del alemán por Álvaro Vivanco, este libro reconstruye esas expediciones paso a paso: la organización previa, las decisiones en altura, las dificultades técnicas y el contexto histórico que las rodeó.


Este libro más que un recuento de hazañas, es una obra que ilumina el camino mediante el cual se forjó el andinismo en Chile y ofrece una mirada íntima sobre uno de sus protagonistas más valiosos.


Mesón Alto - Foto de cumbre Eberhard y Ludwig Krahl (1944)

 

Entrevista a Alvaro Vivanco

Montañista, investigador y divulgador de la historia del andinismo chileno

 

¿Qué fue lo que te llamó la atención de Meier para que escribieras un libro sobre su historia?

Todo empezó unos veinte años atrás en la biblioteca del DAV, Club Alemán Andino Chileno. 

 

Ahí conocí a dos grandes montañistas ya mayores: Sergio Kunstmann y Enrique “Heini” Schneider. Ellos estaban digitalizando las diapositivas de Meier. Cuando terminaron su trabajo dejaron de regalo un CD con las fotos digitalizadas en la biblioteca del club. Estas fotos se encontraban ordenadas por expedición de forma que alguien las pudiera presentar. El mismo Sergio Kunstmann presentó las fotos de la expedición de Meier al Aconcagua por la ruta chilena.

 

Más o menos por esa misma época, en la biblioteca del DAV encontré unas cartas del IGM corregidas con los nombres correctos de las cumbres. 


Yo había estado buscando el nombre de un cerro que había subido y lo encontré en una de estas cartas. Ahí descubrí el Proyecto Nomenclatura de Ulrich Lorber con quien me puse en contacto. Hablando con Ulrich supe de las reglas de la toponimia de Lliboutry. Una de estas reglas dice que cuando un cerro no tiene ni nombre ni ascensos, es aceptable que el primer ascensionista lo bautice. Esto hizo que buscáramos relatos de montañistas para encontrar nombres de cerros que no sabíamos cómo se llamaban. 


Punta Italia - Llegando a la cumbre (1945)
 


Aproximación con arrieros a los cerros Trono y Pirámide (1946)


Haciendo esto me encontré con gran cantidad de relatos y reportes de Eberhard Meier que estaban en alemán por lo que de a poco empecé a traducirlos y a encontrar algunos nombres de cerros que no conocíamos. Leyendo y traduciendo estos relatos me di cuenta que Meier no sólo tenía una gran cantidad de logros en la montaña, sino que tenía una personalidad compleja y aunque intentaba escribir de forma lo más objetiva posible, no podía evitar dejar traslucir algunos de sus sentimientos al ir a la montaña.

 

Me llamó la atención su largo historial de logros y lo bien documentados que estaban. 

 

Se trata de alguien que se dio cuenta del valor que tiene el dejar documentadas las actividades de montaña. Dejó escritos reportes de todas sus salidas y relatos bastante detallados y precisos de sus principales expediciones. El que alguien haya hecho esto en los años 40 y 50 permitió que otros andinistas pudieran tomar la posta y continuar con el desarrollo del montañismo. Sin su aporte el montañismo chileno hoy sería diferente, probablemente se habría demorado más tiempo en llegar donde se ha llegado.


Alvaro Vivanco durante la presentación del libro “Eberhard Meier: El joyero de las montañas” en el  DAV, Chile
 


Alvaro Vivanco y Philippe Boisier durante la presentación del libro “Eberhard Meier: El joyero de las montañas” en el  DAV, Chile

 

¿Cómo fue el proceso de investigación para la recopilación de información?
 

En la biblioteca del DAV hay una buena cantidad de documentos dejados por Meier. Entre ellos se encuentran reportes de expedición escritos a máquina y en alemán. Estos documentos los digitalicé y luego los traduje.


Además, Meier había publicado relatos de sus expediciones más importantes en las revistas Andina del DAV. Estos relatos también estaban en alemán así que comencé a traducirlos uno por uno hasta completarlos todos. Todos estos textos sumados a las fotos digitalizadas por Kunstmann y Schneider me ayudaron a completar el retrato del personaje.


¿Cuál es, según tú, el aporte más valioso del repertorio de logros de Eberhard?

 

Tiene una gran cantidad de primeros ascensos de cerros clásicos que son muy importantes, pero el logro que me parece más destacado es haber conseguido el primer ascenso al Aconcagua por la ruta chilena. Es una ruta que se había intentado hacía mucho tiempo y por la cual casi se consigue el primer ascenso absoluto al Aconcagua. Más tarde cayó en el olvido por ser una ruta muy larga, pero Meier y compañía demostraron que se podía hacer, que era posible rescatar una ruta histórica, medio olvidada y que las grandes montañas no conocen las fronteras.


Alvaro Vivanco durante la presentación del libro “Eberhard Meier: El joyero de las montañas” en el  DAV, Chile

 

¿Por qué el joyero de las montañas?


Porque esa era su profesión. Meier había sufrido de niño los estragos de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. Le tocó crecer en un país empobrecido, que había sido humillado y vivió el desastre de la hiperinflación. El poder tener un trabajo estable y evitar estrecheces económicas se había vuelto una obligación para él. Su vida en la ciudad, donde se ganaba la vida como joyero, era algo muy importante aunque no lo hiciera feliz.

 

¿Encontraste alguna anécdota que recuerdes que te llamara especialmente la atención?
 

Más que una anécdota me llamó la atención su actitud al regresar a la ciudad. Le pasaba algo y sentía una gran tristeza por tener que volver a la vida gris de Santiago. Era en la montaña donde se sentía cómo realmente él era. Aunque lo haya evitado porque era una persona muy reservada acerca de su vida privada, sus relatos están impregnados con su mirada acerca de cómo él consideraba que hay que acercarse a la montaña. Aunque nunca usa la palabra ética en sus relatos, hay una ética fácilmente distinguible en su actitud.


Avance por glaciar junto a penitentes - Picos del Barroso (1948)
 


Entrando al glaciar Juncal (1951)


¿Cuál era la principal característica o habilidad de Meier en las montañas que lo hacía tan prolífero?
 

Su principal característica era ser metódico y disciplinado. Planificaba todos los veranos una gran expedición de forma que pudo visitar prácticamente todos los grandes cerros de la zona central de Chile. Sus expediciones estaban muy bien planificadas y se rodeaba de compañeros que iban con los mismos objetivos a la montaña que él. Al terminar sus expediciones se daba el tiempo para ordenar sus fotos y dejar bien documentado todo lo realizado. Por esto, me parece que era un montañista muy completo. Entendía la importancia del trabajo en terreno y en el escritorio.


¿Con qué sensación y/o enseñanza te quedas luego de haber escrito este libro?


En lo personal me queda la sensación de haber intentado algo nuevo. Llevaba muchos años escribiendo sobre cosas (cerros, rutas, equipo, etc.) y por primera vez me puse a escribir sobre personas lo que me parece que entrega una perspectiva diferente del montañismo. También me queda la sensación de que en Chile se ha publicado bastante literatura sobre lo que nuestros montañistas han hecho en el extranjero, principalmente en Himalaya, pero que todavía hay muy poco acerca de la actividad en nuestros propios cerros. Espero haber contribuido a disminuir esta carencia.


Cruzando el glaciar Juncal Norte (1951)


Un recuerdo de Eberhard Meier 

Por: Evelio Echevarría

 

Este artículo escrito en la  Revista Andina del DAV número 87 en 1965, un año después de la muerte de Eberhard Meier,  por el destacado montañistas chileno Evelio Echevarría, quien fue un conocedor profundo de Los Andes y a lo largo de su extensa vida, supo como escritor, compartir sus experiencias de exploración, poniendo en valor la cultura de montaña chilena y sudamericana.


Eberhard Meier durante la expedición al Risopatrón (1956)

 

“... un hombre puro y valiente, un exponente germano de culta personalidad y un distinguido investigador de la flora de alta montaña.”


Al cumplirse medio siglo de vida del antiguo Club Alemán de Excursionismo Santiago, viene un recuerdo de los que lo forjaron primeramente y consolidaron luego. Entre los del segundo grupo está Eberhard Karl Meier, quien fue la piedra angular del andinismo alemán en Chile por más de veinte años, hasta su desgraciado fin en 1964. Mucho se ha hablado y escrito de Whymper, Zurbriggen, Vines, Schulze, Borchers y otros que conquistaron en los Andes, en expediciones esporádicas, grandes triunfos. Pero no deja de sorprender que tan poco se hable de quien, año tras año, en forma metódica, silenciosamente, alcanzó en los Andes chileno-argentinos un número mayor de triunfos que aquellos. En parte esto se debió seguramente a que el propio Eberhard Meier publicó poco de sus ascensiones. Es casi seguro que nunca envió a las revistas alpinas de Alemania relato alguno. Pero el lugar de Meier en la historia del andinismo chileno y sudamericano está asegurado. Aún hoy día, tiempo de triunfos fáciles, pocos tienen tantas ascensiones y de tal calidad como Meier las tuvo a su haber.


Eberhard Meier nació en Pforzheim, Alemania en 1909. Emigró a Venezuela, primeramente, donde trabajaba como joyero; de este país no hablaba con mucho entusiasmo, pero ahí realizó, en medio del calor tropical, un ascenso al Pico del Ávila (2685 m).


Camino a la cumbre del cerro Negro (1952)
 


Cumbre cerro Negro (1952)


A los 31 años llegó a Chile. Uno de sus primeros viajes andinos fue a la cordillera de Talca, al pie del cerro Campanario, al que siempre consideró inaccesible. Sus primeras actuaciones de alta montaña fueron al parecer en 1940, cuando ascendió el cerro Plomo con R. Kratzer y en 1943, cuando escaló en el Cordón de los Campos, con J. Harseim. Participó después en numerosas excursiones y expediciones, pero no fue en realidad hasta 1944 que comenzó el Meier que el suscrito conoció. Formó una fuerte cordada con Wolfgang Förster y Ludwig Krahl y desde entonces comenzó a batir metódicamente las cumbres de la cordillera central, a la que viajaba un buen número de veces por año, invierno y verano. Cuando, al finalizar la Segunda Guerra Mundial comenzó a importar fotografía en color, Meier complementó el andinismo con una nueva afición: las diapositivas de alta montaña, especialmente de la flora. Su colección llegó a alcanzar las 6000. Sus principales ascensiones se registraron en los altos valles del río Colorado y Maipo, principalmente. En 1952 viajó a los Andes argentinos completando la ruta que Güssfeldt había abierto hasta los 6.600 m en 1883 con dos “huasos”. También en Argentina, Meier ascendió una cima del cerro La Mesa (6200 m) de la Cordillera de la Ramada. Desde el punto de vista técnico, Meier realizó con L. Krahl, la primera ascensión de la cara sur del cerro San Francisco (4.480 m), la que recibió en su año el premio “Mejor Ascensión de la Asociación Santiago de Ski y Andinismo”; otro premio similar lo recibió por su campaña en los Picos del Barroso.


Así, entonces, el andinismo llegó a serlo todo para Meier. Vivía tranquilo y solo, sin mayor dedicación que el deporte, sus libros, sus amigos, la música y la fotografía; pero todo giraba alrededor del andinismo. Pero habría de recibir uno de esos golpes que parecen destinados deliberadamente para ciertos mortales por algún dios maligno. En 1959 viajó a Alemania a despedirse por última vez de sus ancianos padres y hecho esto, el incorregible excursionista fue a escalar en los Alpes. Un accidente allí le significó la amputación del pie derecho. En una carta que recibí de Meier en 1963 se podía notar que estaba desmoralizado y abatido: “... para las vacaciones de verano no tengo todavía planes definitivos, estoy haciendo averiguaciones para encontrar un grupo donde acoplarme, siempre si las circunstancias (mejor dicho mi pie) me lo permiten… No me siento con ánimo de escribir sobre ascensiones, no me saldría de adentro y sería una cosa forzada.” Así, una jugada brutal del destino lo privó de lo único que para él motivaba la vida.


Por el glaciar hacia el Nevado de Piuquenes (1953-54)
 


Heini Schneider en la cumbre del cerro Pirámide (1954)


Parece, sin embargo, haberse recuperado parcialmente después. Aún le quedaban, si no las cumbres, los valles. Y además la fotografía de flores andinas. Empezó a diversificar sus viajes, ahora fuera de la zona central y esto habría de llevarlo a su desgracia final. En un solitario viaje que había proyectado a la cordillera de Linares, fue víctima de un atraco por robo. Inválido, mientras yacía en su saco de dormir, no pudo defenderse de sus asesinos. Así pereció un gran andinista en un crimen vulgar. Pero aun en esto hay cierta grandeza, pues Meier, inváldio, murió cuando viajaba a la cordillera a la que se había negado a renunciar.


El total de cumbres alcanzadas por Eberhard Meier es impresionante: 66, de las cuales 16 son primeras ascensiones. ¿A qué se debió su gran éxito? Porque él no fue tremendamente fuerte, ni tampoco muy experto. Se debió, en parte, a que él siempre escogió a sus compañeros con cuidado, y en parte también a su meticulosidad y método, que lo llevaba a preparar una expedición en forma tal que el éxito quedaba casi asegurado de antemano. Pero, en mi opinión, el éxito de Meier se debió por sobre todo a su dedicación a la alta montaña. Fue una dedicación intransigente, terca, sin concesiones, es cierto; pero aquellos que lo conocimos sabíamos que se trataba de una dedicación profunda y sincera. No he conocido hasta ahora a otro andinista que la haya tenido igual.


Evelio Echevarría


Camino al Risopatrón por el glaciar (1956)

 

Cumbre del cerro Risopatrón (1956)

 

Ascensiones de Eberhard Meier:
 

1940: Plomo, 5430 m.
1942: Villarrica, 2840 m; Leonera 5050 m.
1943: Capitán de los Campos, 4145 m; Sargento de los Campos, 4130 m (1° asc.); La Paloma, 4930 m; Las Placas 4736 m (1° asc.); San Francisco, 4480 m; cerro del Diablo, 4270 m (1° asc.).
1944: Alto, 6100 m (1° asc.); Mesón Alto, 5230 m.
1945: Manchado, 5375 m (1° asc.); Punta Italia, 4978 m; Piuquencillo, 4050 m; San Francisco, 4480 m (1° asc., pared sur).
1946: Pirámide, 5500 m; Trono, 5600 m (1° asc.); Laguna, 4090 m (1° asc.); Bismarck, 4670 m.
1947: Morado, 5060 m.
1948: Cerros de Federico, 4000 m (1° asc.); Picos del Barroso, 5150 m (1° asc. dos cumbres); Maipo, 5290 m; Altar, 5215 m; La Paloma, 4930 m.
1949: Sierra Bella, 5230 m (1° asc.); Tupungato, 6550 m.
1950: Nevado del Plomo, 6050 m; Sierra Esmeralda, 4500 m (1° asc.); Solari, 5380 m.
1951: León Negro, 5151 m (1° asc.); León Blanco, 5195 m; Juncal 6110 m;, Cortaderas, 5200 m; San Francisco de los Bronces, 4270 m; Loma Larga, 5380 m (cumbre oeste).
1952: Aconcagua, 6960 (1° asc. ruta Güssfeldt); Piuquencillo, 4050 m; Negro, 5050 m.
1953: Osorno, 2660 m; San Hilario, 4000 m (1° asc.); Punta Negra, 4090 m; Leonera, 5050 m; Alto de los Bronces, 4055 m (cumbre norte); Torre de Flores, 4855 m (1° asc.).
1954: Nevado de los Piuquenes, 6032 m; Pirámide, 5500 m; Tupungatito, 5640 m; Extravío, 4000 m (1° asc.).
1955: Toscas, 5183 m (1° asc.); Solari, 5380 m; Roth, 5320 m; Ceatoleí, 4060 m.
1956: Risopatrón, 5750 m; Echaurren, 4230 m.
1957: Reichert, 5470 m; Polleras, 5947 m; Cepo, 4280 m; Solari, 5380 m; Roth, 5320 m; Aguja Helada, 4500 m.
1958: Plomo, 5430 m; Gloria, 4685 m; La Mesa, 6200 m (cumbre oeste)
1959: Puntiagudo de Colina, 4110 m.


Vista al glaciar Juncal Sur camino al cerro Risopatrón (1956)
 


Wolfgang Förster en la cumbre del cerro Extravío (1956)
 


A los pies del glaciar del Polleras (1957)
 


Campamento alto en expedición al Aconcagua (1959)
 


Eberhard Meier descendiendo de la cumbre del Aconcagua (1959)
 


Niehaus, Schregle, Meier, Krahl y Förster al regreso del Aconcagua (1959)
 


Testimonio de Meier en la cumbre del Nevado de Piuquenes (2010)




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