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Cultura · La Montaña y el Hombre

Historia de la agrupación paramilitar francesa "Jeunesse et montagne" (Juventud y Montaña)

Durante el año 1940, tras la derrota de Francia frente a Alemania, cada rama del ejército francés buscó el modo de tener su propio grupo de " jóvenes activos".Surge entonces una organización llamada "Jeunesse et Montagne", creada por la Fuerza Aérea Francesa (Armée de láir) con el objetivo de mantener activos y en buena condición física a los aviadores que habían quedado en Francia. Los jóvenes recibían una estricta formación física y moral a través de la vida en alta montaña, incluyendo esquí, alpinismo y trabajos de utilidad pública como la construcción de refugios y senderos.

Leo Arko

Edición: CCAM Mayo 2025



Jeunesse et Montagne: 

Montañistas entre la espada y la montaña

 

Creada en 1940 por el régimen de Vichy, la Jeunesse et Montagne buscó formar física y moralmente a miles de jóvenes franceses en la vida alpina. La organización forjó hombres disciplinados a los que solo les faltaba responder una incógnita: ¿engrosarían las filas militares del nuevo régimen o se unirían a los movimientos clandestinos?

Afiche propagandístico de las Jeunesse et montagne, 1940.

 

Las secuelas de la guerra

 

Tras la derrota de 1940, Francia queda dividida y ocupada por las fuerzas del Eje. Alemania toma el control directo de la zona oeste y norte (zone occupée), mientras que el sur (zone libre) queda bajo la administración del nuevo régimen de Vichy, liderado por Philippe Pétain.

Pétain, para el momento un prócer y héroe de la Gran Guerra, fue el “general de los soldados” que con doctrinas pragmáticas logró ganar la sangrienta batalla de Verdun.

 Hoy se lo recuerda como una figura polémica por llevar a la Tercera República Francesa a firmar el Armisticio el 22 de junio de 1940 y establecer un régimen que colaboró con el Tercer Reich.

Philippe Pétain recibiendo a Adolf Hitler, 1940.

 

Muchos jóvenes en Francia pensaban que su deber estaba en la guerra

 

Para el pueblo francés, pelear contra su antiguo enemigo y ser humillados con una ocupación no es un detalle menor, y los deja sin un norte como nación. 

Podemos conjeturar que Pétain tomó esto para su Revolución Nacional, y buscó generar una nueva identidad para los franceses, incluso si eso significaba volver a pensamientos de otras épocas. 

Muchos jóvenes de Francia sintieron que su deber estaba en la guerra; por lo tanto, la continuaron en la resistencia clandestina como los grupos de maquisards, que se ocultaban en las montañas. Otros se sintieron alineados con sus nuevos aliados, formando la Legión de Voluntarios Franceses contra el Bolchevismo (LVF), partiendo al frente del este y luchando hombro con hombro junto a alemanes, italianos, entre otros.

En la imagen de la izquierda, un maquis de la resistencia; en la derecha, un voluntario en el ejército alemán. Aun en bandos contrarios, ambos portan los colores franceses. Crédito foto izquierda: ECPAD

 

Origen de las agrupaciones de montaña

 

En la zona sur, las fuerzas armadas restantes fueron reorganizadas en el nuevo Ejército del Armisticio, limitado a una cifra máxima de 100.000 tropas y sin dotación de armas pesadas como morteros, tanques, aviones y artillería. Para “esquivar” este límite de soldados y mantener jóvenes listos para lo que sea necesario, cada rama del ejército buscó la manera de tener cada una su propio grupo de jóvenes de manera independiente.

Los Chantiers de la Jeunesse Française (Campamentos juveniles franceses) fueron la solución para el Ejército de Tierra. Con una estructura paramilitar, concentraron a los jóvenes en campamentos fuera de las ciudades, donde las influencias de la guerra no llegaban, y se preparaban para asistir al pueblo francés con trabajo y servicio.

 

La marina francesa concentró sus esfuerzos en mantener las Ecole de Mousses (escuelas de grumetes) donde los jóvenes absorbían todas las herramientas necesarias para la vida marítima.

El Ejército del Aire, inmóvil y sin recursos, creó una organización llamada Jeunesse et Montagne (Juventud y Montaña) con el objetivo de mantener activos y en buena condición física a los aviadores que habían quedado en Francia, permitiéndoles regresar rápidamente al combate si la situación lo exigía. 

Al mismo tiempo, la organización buscaba ofrecer formación y orientación a jóvenes interesados en convertirse en pilotos.

Afiche propagandístico de los Chantiers de la Jeunesse (izquierda) y afiche de la Jeunesse et montagne (derecha).

 

Organización de la J.M (Jeunesse et montagne)

 

Inspirados en las secciones de exploradores esquiadores (SES) que tuvieron un gran desempeño en la defensa de la línea Maginot alpina, Jeunesse et Montagne propuso en la montaña un estilo de vida basado en la disciplina tipo castrense, la vida al aire libre y el aprendizaje técnico. 

En 1940 se abrió el primer centro en el macizo de Chartreuse para alojar a los primeros equipos, y entre 1940 y 1942 la organización se estructuró en torno a un cuartel general y un centro de formación situado en Montroc, cerca de Chamonix. 

A partir de allí se crearon cinco agrupaciones regionales, tres en los Alpes y dos en los Pirineos, de las cuales dependían dos o tres centros aguas abajo de cada una. Cada centro reunía varios grupos, subdivididos en equipos de veinticuatro hombres dirigidos por un jefe de equipo y un instructor, muchos de ellos provenientes del Club Alpino Francés.

Grupo de J.M en posición de saludo “Salut de l’Arme”. El respeto a la jerarquía y los símbolos patrios eran tan importantes como en el ejército. Créditos: ECPAD

 

 

Vida de montaña, trabajo físico y formación moral

 

Más allá de la disciplina militar y de sus cuadros de oficiales militares, la J.M no disponía de armamento ni debían impartir instrucción militar formal, concentrándose en cambio en la vida de montaña, el trabajo físico y la formación moral de los jóvenes.

 La organización y el despliegue de los distintos agrupamientos quedaron bajo la autoridad del general de fuerza aérea d’Harcourt, responsable de coordinar el personal, el equipamiento y la instalación de todos los centros. Aunque la mayoría de grupos eran dirigidos por oficiales y suboficiales provenientes de la Fuerza Aérea, estos dependían administrativamente del Ministerio de la Familia y de la Juventud.

Jeunesse et Montagne fue creado y era financiado por el régimen de Vichy, y como fue costumbre, se les intentó inculcar la ideología vichysta. Sin embargo, sus relaciones con las autoridades de Vichy eran escasas. 

Estar aislados en las montañas y vivir en cierta autogestión ayudó a mantener alejado al régimen.

Preparación de un campeonato de ski en la guarnición de los Alpes, sector del Ródano. Créditos: ECPAD

 

Escuadra de jóvenes de la J.M. La mayor parte de su inventario provenía de almacenes militares como también policiales. Predominan las prendas de paño de lana azul y los anoraks de montaña.

 

Entrenamiento y método natural

 

*…“Durante mi visita a Lourdes, donde se encuentra la comisaría regional de los Pirineos, me enteré de los requisitos de admisión a «Juventud y Montaña». Una breve descripción: solo jóvenes de entre 18 y 22 años, solteros, de padres franceses, que se ofrecen como voluntarios para cumplir su servicio en el duro entorno de la montaña. Un examen físico muy riguroso precede al alistamiento, y quienes no tienen corazón, pulmones y una vista impecable son eliminados sin piedad. Al llegar a Cauterets, supe, gracias a mi compañero de ruta, que, si se presta tanta atención a este último punto, es precisamente porque solo los jóvenes robustos y bien entrenados pueden “trabajar duro” a la hora de abastecer, a cuestas, los chalets dispersos en lo alto de las montañas, todos ellos a varias horas de camino del centro"…

 

*Este fragmento del diario Le Journal, del 22 de octubre de 1940, con subtítulo “Aquí hacemos hombres fuertes”, nos anticipa el riguroso entrenamiento en las J.M. 

El entrenamiento de las J.M duraba unos 8 meses, con posibilidad de extenderse a 12 meses de manera voluntaria. En gran parte del tiempo, a los reclutas se les inculcaba valores y habilidades de montaña, como esquiar, escalada, cruce de glaciares, uso de sogas y mosquetones, uso de materiales de supervivencia, meteorología, etc.

Por el lado de aviación, utilizaban planeadores y aprendían las teorías básicas de vuelo. Además de esto, los reclutas se utilizaban para labores ciudadanas, como el mantenimiento de refugios y rutas, la recolección de madera como combustible, servicio de emergencia como bomberos y/o rescate, entre otros.

Actividades de la J.M: armado de planeadores, exposición y planeo. Créditos: ECPAD

 

Actividades de la J.M: montañismo, escalada y uso de esquís. Créditos: ECPAD

 

Recluta de la J.M en torneo de esquí, 1942. No es raro que las actividades de esta índole traigan heridas como consecuencia. Créditos: ECPAD

 

Educación física basada en un  “método natural”

 

Esta metodología de entrenamiento va de la mano con el “método natural” de Georges Hébert, también llamado hebertismo, que influyó en varias academias y escuelas de entrenamiento físico en su época.

 Este “Méthode Naturelle”, proponía una educación física basada en el movimiento natural del cuerpo en el entorno: correr, saltar, trepar, escalar, nadar, levantar peso o desplazarse en terrenos irregulares.

 Su objetivo no era únicamente el rendimiento físico en deporte, sino la formación integral del individuo bajo el principio “être fort pour être utile”, ser fuerte para ser útil. Se argumenta que su metodología precede al famoso parkour y MovNat.

“El mundo moderno está produciendo hombres más centrados en la apariencia que en la función”, Georges Hébert. 

 

 

Arduo entrenamiento

 

…“Durante el trayecto, mi interlocutor me habló de las actividades de sus chicos, que pasan todo el invierno esquiando. Los voluntarios están dirigidos por instructores experimentados, todos ellos estrellas del alpinismo pirenaico: Olivier, responsable de las actividades de montaña; François Boyrie, estrella del esquí de fondo; Bacelon, Jeannel y otros.

 Este entrenamiento y el trabajo esencial de equipar sus refugios ya serían más que suficientes para mantenerlos ocupados, pero además cortan leña, construyen caminos para mulas y mantienen los refugios del Club de Esquí. 

En resumen, contribuyen de forma útil y eficaz al equipamiento de las montañas, lo cual, cabe decir, no está nada de más.”

( Fragmento del diario Le Journal, 22 de octubre, 1940).

 

Este arduo entrenamiento dejó un legado de personajes importantes en el deporte, la historia y la montaña: Lionel Terray, Joseph Damiani, Gaston Rebuffat, Louis Lachenal, Laurent Cretton, Honoré Bonnet, Marcel Loubens, entre otros.

Llegar al límite de las fuerzas 

 

Para terminar de mentalizarnos con el entrenamiento en cuestión, cito a una eminencia del montañismo:

*…“Después de unos veinte días, casi la mitad de los aprendices estaban al límite de sus fuerzas, y los demás se encontraban en un estado físico más o menos precario. El más mínimo rasguño se infectaba hasta el punto de convertirse en una especie de llaga supurante… Comenzado con entusiasmo, el curso se convirtió en una especie de infierno a medida que pasaban los días.

Nuestra existencia era tan dura y tan activa que hoy, si no hubiera tomado notas de aquella época, caería en la tentación de creer que el paso del tiempo me hace exagerar los recuerdos”…

*-( Lionel Terray, Los conquistadores de lo inútil).

Salida de un grupo de las J.M a las montañas, 1942. Créditos: ECPAD.

 

La vida lejos de la civilización

 

*…“A continuación, un breve recorrido por las instalaciones de la J.M. Dos pequeñas casas, que pertenecían a la Administración de Aguas y Bosques, han sido puestas a su disposición.

Comenzamos con la habitación del jefe de equipo. Una cama de madera bastante incómoda ocupa un rincón de la habitación: el “jefe” sigue el mismo régimen que sus muchachos. 

En la misma casa se encuentra la cocina, donde todos se turnan. El gran apetito que este estilo de vida saludable les ha dado a todos ha sido sin duda su mejor motivación a la hora de aprender a cocinar.

 A cien metros se encuentra la otra casa. Alberga la sala de reuniones, amueblada de forma rudimentaria, asemejando un cuartel general, a juzgar por la cantidad de mapas que cuelgan de las paredes. Algunos están anotados con lápiz azul y especifican las hazañas realizadas durante las expediciones de alta montaña. 

Ahí está de nuevo el dormitorio, con las tradicionales literas dispuestas de dos en dos. 

Discretamente, miro un libro en una modesta mesita de noche. Es una selección de poemas. ¡Bravo! ¡Las Musas también disfrutan arte a 2000 metros de altitud! Pero ha llegado la hora del almuerzo. Comemos al aire libre, en un entorno magnífico. Una comida sencilla pero muy abundante, y preparada con mucho esmero: sopa, carne, té, verduras variadas, queso Roquefort y un buen vino tinto servido en una jarra. Con mucho gusto lo bebí.”

*- Fragmento del diario Le Journal, 22 de octubre, 1940.

Chasseurs alpins en un almuerzo. Al igual que los cazadores alpinos que protegieron la línea Maginot alpina, los miembros de la J.M heredaron su humildad en condiciones adversas. Créditos: ECPAD.

 

Un espacio donde encontrar un sentido

 

Para los adeptos y veteranos que eran parte de la Jeunesse et Montagne, la experiencia no se limitaba a una simple instrucción, sino que se vivía como una transformación personal y de reconstrucción de identidad.

 En un contexto de derrota nacional y de incertidumbre por una guerra todavía en proceso, muchos jóvenes encontraron en la J.M un espacio donde encontrar un sentido, sentir pertenencia y tener un norte. 

La disciplina no se percibía únicamente como una imposición jerárquica, sino también como una vida que daba una rutina constante, mientras que la cercanía con los instructores generaba una relación casi parental, más humana que militar. De esta manera, se desarrollaba un fuerte espíritu de grupo, donde cada integrante sentía que su rol era necesario dentro de un sentido más amplio, reforzando la solidaridad con los camaradas y la confianza mutua. 

Al mismo tiempo, la austeridad y el aislamiento de la montaña contribuían a una introspección constante: lejos de la vida metropolitana y de las tensiones políticas, los jóvenes vivían en una especie de burbuja en la que podían redefinirse como hombres, adoptar valores de servicio, responsabilidad y compromiso. 

Mientras algunos encontraron la manera de alejarse de la guerra, otros encontraron la forma de estar listos para cuando la guerra los vuelva a encontrar.

Miembros de la Jeunesse participando de actividades artísticas en un torneo de esquí. Créditos: ECPAD

 

Resistencia activa

 

Aunque inicialmente fueron apadrinados por la administración de Vichy como un recurso para su “revolución nacional”, las J.M. siempre tuvieron distancia de ellos. 

Nunca estuvieron involucrados en actos represivos o en complicidad con el ejército alemán, ya que Vichy tenía una amplia selección de fuerzas de seguridad, entre ellas los Groupes de protection, la Garde du Marechal, Gardes de communications, Ligue Française y la temida Milice Francaise. 

Esta última era utilizada para cazar partisanos y miembros de la resistencia, utilizando a su favor el conocimiento del lenguaje del enemigo y el terreno.

 

Miembro de la Milice Française, equipado con un MAS36, combatiendo un foco de maquis en la zona de los Pirineos. 

 

Alemania pide la disolución de la Jeunesse

 

Para la Jeunesse et Montagne, el punto de inflexión vino con la victoria aliada de la operación Torch en noviembre de 1942, que desencadenó la ocupación alemana de la Zona Libre y rompió la ilusión de autonomía que sostenía el régimen de Vichy, generando una tensión mayor contra la ocupación. 

Esta tensión se maximizó con la llegada del Servicio de Trabajo Obligatorio (STO) en 1943, que obligaba a Francia a transportar y “prestar” mano de obra a Alemania.

 Ante la amenaza de deportación laboral, la estructura de JM mutó. 

Muchos de sus mandos, ex soldados y cazadores alpinos, priorizaron la lealtad a sus hombres sobre las directivas del Estado francés, por lo que facilitaron activamente la transición de los jóvenes hacia la clandestinidad, convirtiendo los campamentos de montaña en hábitat natural de los maquis.

En enero de 1944, Alemania pide la disolución de las Jeunesse et montagne, ya que las sospechas de que podían estar colaborando con los aliados iban incrementando.

 La organización de la J. M. demoró el desarme de la organización lo suficiente como para esperar a la Operación Overlord, el desembarco aliado en Normandía. 

Varios centros de la JM se convirtieron en miembros de la resistencia en su totalidad para apoyar a las fuerzas aliadas.

Tropas irregulares en toda Francia se alzaron a la lucha y muchos formalizaron su rol como combatientes de un ejército, llegando a combatir en el profundo corazón de Alemania en 1945.

Liberación de la ciudad de Metz por el 16.º Batallón de Chasseurs à Pied (Infantería Ligera), con uniformes y equipo americano, el 20 de noviembre de 1944.

 

Miembros de la resistencia francesa en los Alpes, equipados con ametralladoras Bren británicas.

 

 

Una compañía de montaña capaz de hacer frente a los alemanes en la cresta de los Alpes

 

*…“Los primeros días de octubre, no recuerdo exactamente la fecha, recibí la visita de un compañero de la Jeunesse et montagne, que se llamaba Beaumont. Perten ecía a una compañía de maquis que actuaba en el Isère y que se había hecho famosa por sus asaltos con el nombre de Compañía Stéphane, porque este era el seudónimo que utilizaba su líder, el capitán Étienne Poiteau, que había sido cadete de la Academia General Militar de Saint Cyr.

Stéphane, en cuyas tropas había numerosos instructores alpinos, procedentes de la J. M., así como buenos esquiadores y alpinistas del Delfinado, quería organizar una compañía de alta montaña capaz de hacer frente a los alemanes en las crestas de los Alpes y también capaz, con el tiempo, de llegar a desalojarlos. Para reforzar la compañía con el mayor número posible de alpinos experimentados, envió a Beaumont a la escuela de Chamonix para que persuadiera a algunos guías e instructores de la zona, hasta lograr que entrasen a formar parte de su grupo.

Beaumont tenía el don de la palabra. con grandes dotes persuasivas, supo ensalzar las bondades de la Compañía Stéphane, su glorioso pasado, su buena organización fundamentada en métodos auténticamente militares, el estupendo ambiente que se respiraba dentro de ella, el lugar de honor que ocuparía y, al fin, el argumento que a mí me pareció decisivo: me aseguró que los amigos con quienes esquiaba y salía a la montaña en los primeros tiempos; Michel Chevalier, Pierre Brun, Robert Albouy y J.C. Laurenceau, formaban parte de la tropa y me estaban pidiendo que me incorporara.

La buena reputación de la que gozaba el capitán Stéphane y el hecho de que su compañía fuera una auténtica unidad militar, que para mí era una garantía de seriedad, la presencia de mis mejores amigos en ese grupo y también, sin duda, el demonio de la aventura que moraba en el fondo de mi corazón, fueron los factores que, conjugados, acabaron por adquirir la consistencia suficiente para hacer pasar a un segundo plano el afecto que sentía por mi mujer y el gran interés que prestaba a la tierra y al ganado. Acto seguido, armé la mochila y fui a ponerme al servicio de mi país participando en la última fase de la guerra.”

 

*-( Lionel Terray, Los conquistadores de lo inútil).

“En honor del capitán Stéphane, Etienne Poitau, y a sus muertos, caídos en el campo del honor”, memorial de la compañía Stéphane. Tiene la particularidad de poseer una placa que conmemora a los soldados de montaña enemigos caídos.

 

Un legado para las montañas

 

Al finalizar la guerra, la organización original de Jeunesse et Montagne había cesado de existir.

 No obstante, en 1946, treinta antiguos miembros se propusieron rescatar y revivir los valores de sus experiencias en la alta montaña. De este esfuerzo nació inicialmente la Association Équipe Montagne, la cual evolucionó hasta convertirse en la Asociación de Antiguos Alumnos y, finalmente, en la actual asociación ‘Jeunesse et Montagne’. Esta última se estructuró bajo estatutos específicos que permitieron a las nuevas generaciones encontrar su lugar, preservando siempre el espíritu y los valores fundacionales que definieron a los grupos originales durante los años de la guerra.

Recreación histórica de un miembro de las Jeunesse et Montagne.

 

Un refugio en las cumbres de los Alpes para fotjar el carácter

 

La reconstrucción de la asociación no estuvo exenta de dificultades, debido al estigma de vincular a la Jeunesse et Montagne con el régimen de Vichy. Sin embargo, el paso del tiempo, la desclasificación de documentos y el rigor de nuevos estudios históricos, respaldados por el testimonio de sus antiguos miembros, han arrojado una valiosa luz sobre la naturaleza de sus actividades.

 Hoy se reconoce que, más allá de su origen vichysta, la organización funcionó como un espacio de resistencia moral que preservó los valores de la camaradería y la montaña en los años más oscuros de la ocupación.

En un capítulo oscuro del mundo, resulta conmovedor observar a aquellos jóvenes, muchos aún adolescentes, delgados e inocentes, que hallaron en las cumbres de los Alpes un refugio para forjar su carácter mientras el mundo se retorcía en guerra. 

 

Una camaradería inquebrantable que ayudó a construir un mundo  más iluminado tras la guerra

 

La experiencia en las Jeunesse et Montagne para ellos fue, sin dudas, una prueba de rigor extremo, pero de ella salió una camaradería inquebrantable y una experiencia que, tras la guerra, ayudó a construir un mundo más iluminado. Aquellos muchachos se transformaron en guías, instructores y ciudadanos al servicio de su comunidad, demostrando que se podía servir a Francia y a la humanidad desde la excelencia y el esfuerzo, incluso antes de verse arrojados a usar las armas. Si bien muchos finalmente tomaron la decisión de alzarse en combate para empujar la liberación de su país, su legado más profundo no está en el combate, sino en esa imagen de jóvenes auxiliándose mutuamente frente a la adversidad de la montaña. En medio de la Segunda Guerra Mundial, jóvenes franceses pudieron hermanarse en la montaña y prepararse para reconstruir un futuro mejor.

“Ser hombre es, precisamente, ser responsable. Es sentir, al poner su piedra, que se contribuye a construir El Mundo.” Antoine de Saint-Exupéry. Créditos: ECPAD

 

Fuentes:

 

- Chevallier, J. J. (1941). Jeunesse et montagne.

- Hébert, G. (1913). L'éducation physique ou L'entraînement complet par la méthode naturelle.

- Noetinger, J. (1941). Traces: Jeunesse et montagne.

- Secrétariat d'État à l'Aviation, État-major. (1940). Instruction, la Constitution et l'organisation des Groupements de Jeunesse « Jeunesse et Montagne ».

- Section Éducation Bureau Montagne. (1944). Activités alpines et sportives de l’année 1943.

- Le Journal. (22 de octubre de 1942). [Prensa diaria].

- Cullen, S. (2018). World War II Vichy French Security Troops. Men-at-Arms, Osprey Publishing.

- Le Ray, lieutenant-Colonel. (1952). “Paradoxes sur l’alpinisme et la pédagogie militaires”. Revue de défense nationale.

- Ouzoulias, A. (1967). Les bataillons de la jeunesse.

- Terray, L. (1961). Les conquérants de l’inutile: des Alpes à l’Annapurna.

- Archives Départementales de l’Allier. La Révolution nationale. https://archives.allier.fr/

- Musée Virtuel Jeunesse et Montagne. https://www.musee-jeunesse-et-montagne.fr/




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