La Patagonia argentina, ese vasto territorio de postales idílicas, bosques milenarios y glaciares imperturbables, está dejando de ser un refugio de paz para convertirse en una cicatriz de cenizas. Cada verano, la historia parece repetirse con una crueldad aritmética: miles de hectáreas de bosque nativo son consumidas por llamas que, más allá de la sequía y el viento, parecen alimentarse de la desidia política y la pérdida de valores éticos frente al ecosistema.
El incendio que hoy devora miles de hectáreas de bosque nativo es el síntoma visible de una enfermedad más profunda: la ceguera frente a la emergencia ambiental.




Esta regla ( del 30-30-30), es un concepto fundamental en la meteorología aplicada a los incendios forestales y se utiliza para identificar el momento crítico en que las condiciones ambientales se vuelven perfectas para que un incendio se propague de forma explosiva, sea casi imposible de controlar y represente un peligro extremo para los brigadistas.
Cuando estos tres factores coinciden, se habla de una "tormenta perfecta" para el fuego.
Previsibilidad: si los servicios meteorológicos alertan que se viene un "30-30-30", el Estado ya sabe que el riesgo es extremo. Si no hay brigadistas posicionados o aviones listos antes de que empiece, la vulnerabilidad es política.
El factor cambio climático: Debido al calentamiento global, los días de "30-30-30" son cada vez más frecuentes en zonas que antes eran frías y húmedas, como la selva valdiviana o los bosques de alerces.
Imposibilidad de combate: Cuando se entra en esta regla, el ataque directo al fuego suele ser inútil. Los brigadistas deben retirarse para proteger sus vidas, ya que el fuego adquiere un comportamiento errático y una velocidad que supera cualquier capacidad humana.

La emergencia ígnea no distingue fronteras provinciales, pero afecta sectores específicos de la región andino-patagónica.
Son muchas las zonas afectadas, El Hoyo, Epuyen, Puerto Patriada, Rincón de Lobos, Loma del Medio, El desemboque, Villa del lago Epuyen.
La perdida en biodiversidad es enorme, grandes territorios de bosques y lagos únicos, y el fuego continúa expandiéndose.
El 6 y 7 de enero fueron los días donde se registró “Regla del 30-30-30” en la zona de El Hoyo. El viento sopló desde el oeste con ráfagas de hasta 45 km/h, la temperatura tocó los 32°C y la humedad bajó al 18%.
Lunes 5 de enero: El inicio
Martes 6 de enero: Descontrol y primeras evacuaciones
Miércoles 7 de enero: El fuego cruza la Ruta 40


Jueves 8 de enero: Frentes múltiples y Los Alerces
Viernes 9 de enero: "El peor desastre en 20 años"
Domingo 11 de enero: Cifras alarmantes
Lunes 12 y martes 13 de enero
Estado actual 15 de enero

El debate sobre qué inicia el fuego es, quizás, el punto más conflictivo. Según el Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), el 95% de los incendios forestales son producidos por intervenciones humanas.
En medio de las tareas de peritaje en la zona de Puerto Patriada y el Cerro Pirque, las brigadas de investigación de la Policía del Chubut, junto con peritos de la Policía Federal, confirmaron el hallazgo de elementos que descartan cualquier origen accidental o natural (como un rayo o una colilla de cigarrillo).
Los detalles del hallazgo
Roberto "Beto" C., 54 años, carpintero y habitante de la zona alta de Epuyén.
"Usted no sabe lo que es el sonido. En los diarios dicen 'el avance del fuego', pero el fuego no avanza, el fuego ruge. Es como tener diez motores de avión encendidos en la puerta de tu casa. Ese es el sonido de la resina del pino explotando", cuenta Beto, mientras sostiene un mate lavado frente a lo que solía ser su taller de carpintería.
Norma Rizzo desde Epuyen nos escribió :
En ALERTA. Nosotros bien. Sigue activo el incendio. Son las 14 :00 hs del sábado 10 de enero. Ignoro cuando saldrá mi mensaje.
Estamos sin electricidad ni señal desde ayer. Tampoco Internet.
Mi hijo fue a cargar el celular a la estación de servicio y bajó ahí todos los mensajes. Contestó y volverá, si se puede, para que salgan las respuestas. Yo no salgo. Demasiado humo. Por el momento siguen actuando los aviones hidrantes, aunque se levantó viento.
la Patagonia no está sola y el compromiso argentino se hace presente
1. El despliegue de Córdoba: La columna vertebral del refuerzo
Córdoba, con su vasta experiencia en incendios de interfaz, se ha convertido en el principal aliado de Chubut.
2. Desde Santiago del Estero: El gigante del aire
Desde Santiago del Estero partió una vez más el avión hidrante más grande de
América Latina para enfrentar los incendios que avanzan sobre Chubut.
3. Neuquén y la Patagonia Norte: El auxilio de cercanía
Al ser vecinos directos, Neuquén activó su Sistema Provincial de Manejo del Fuego de manera inmediata:
Logística: Proveyó camiones cisterna y camionetas de ataque rápido para proteger las viviendas en las zonas de interfase (donde el bosque toca el pueblo).
4. Santa Cruz: Cooperación en el frente sur
Mientras combate sus propios focos en el Parque Nacional Los Glaciares (zona Cerro Huemul), Santa Cruz ha enviado:
5. Buenos Aires y el soporte logístico
Aunque geográficamente distante, la provincia de Buenos Aires suele aportar:
. Bomberos de la Ciudad y Defensa Civil
Desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se ha movilizado un contingente técnico y humano de alta complejidad para reforzar las líneas de combate en Chubut:
Para los brigadistas: Caramelos ácidos, agua mineral, solución fisiológica, barbijos N95 y cinta de papel de 5cm.

El Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF) es el organismo encargado de coordinar los recursos. Sin embargo, en los últimos años, la falta de presupuesto y la desregularización de las áreas ambientales han generado tensiones.
El despliegue de aviones hidrantes y helicópteros es vital, pero a menudo se denuncia que estos recursos llegan cuando el incendio ya es inmanejable.
Las provincias poseen sus propias brigadas (como el SPLIF en Río Negro o el Servicio Provincial de Manejo del Fuego en Chubut). El principal reclamo de los combatientes es la precarización laboral. Los brigadistas, que arriesgan su vida frente a muros de fuego de 30 metros, suelen trabajar con contratos temporales y salarios que no cubren la canasta básica.
1. Ley de Manejo del Fuego (Ley 26.815)
Establece los presupuestos mínimos de protección ambiental para prevenir y combatir incendios. En 2020, se reformó (Ley 27.604) para prohibir la venta de tierras incendiadas por plazos de entre 30 y 60 años, buscando desincentivar los incendios intencionales con fines inmobiliarios.
El Servicio Nacional de Manejo del Fuego dejó sin ejecutar el 25% del presupuesto 2025, equivalente a casi $20.000 millones, de acuerdo con un análisis de la Fundación Ambiente y equivalente, de acuerdo a un análisis de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN).
De acuerdo con la Ley de Presupuesto 2026, la partida presupuestaria del Servicio Nacional de Manejo del Fuego contará con $20.131 millones, lo que implica una caída real del 69% con respecto a 2023 y del 78,5% con respecto a 2025.
2. Ley de Bosques (Ley 26.331)
Categoriza los bosques según su valor de conservación (Rojo, Amarillo y Verde). El problema reside en el desfinanciamiento sistemático del Fondo Nacional para la Conservación de los Bosques Nativos, que recibe menos del 10% de lo que la ley estipula originalmente.
Al asignarle apenas el 3,5% de lo que por ley le corresponde, el Estado Nacional no solo está desobedeciendo su propia normativa, sino que está desprotegiendo a las provincias. Sin fondos, los planes de manejo sustentable desaparecen, y el bosque queda a merced de quienes ven en la ceniza una oportunidad de negocio inmobiliario.
3. La deuda de la Ley de Humedales
La ausencia de una ley específica que proteja los humedales (que actúan como cortafuegos naturales y reservorios de agua) agrava la vulnerabilidad del ecosistema patagónico.
Los "valores perdidos" refieren a tres dimensiones de la crisis:

Se ahorra en prevención —en limpieza de cortafuegos, en radares de detección temprana y en la profesionalización de brigadistas— para luego terminar gastando fortunas en el despliegue desesperado de aviones hidrantes cuando el desastre ya es portada de todos los diarios.
Aclaremos primero qué es la zona de interfaz, las llamamos “interfaz urbano-rural”. Son las áreas donde las viviendas y las actividades humanas se entremezclan o limitan con áreas con vegetación natural. Esta definición le cabe perfectamente entonces al área donde ocurrieron estos incendios. En esta interfaz ocurren el 77% de los incendios.
En la planificación urbana de la Patagonia, plantar lengas en lugar de pinos en la zona de interfaz es una decisión de vida o muerte:
El monocultivo de pino en la Patagonia no fue un accidente ecológico, sino el resultado de una política activa de subsidios e incentivos fiscales que comenzó en la década de los 70 y se consolidó en los 90.
Los pinos, como especies exóticas, no tienen predadores y no hay que olvidar que el aguarrás, se crea con la destilación de la resina del pino. Las piñas se reproducen explotando. Con vientos de más de 30 km por hora se han encontrado piñas a 2 km del lugar de origen del pino.
El modelo del "crecimiento rápido"
La principal razón por la cual las empresas forestadoras eligen el pino (especialmente el Ponderosa y el Radiata) es su velocidad de crecimiento.
Para el mercado, el bosque nativo es "lento" e "ineficiente". Las forestadoras buscan el retorno de inversión rápido, ignorando que ese crecimiento acelerado viene cargado de resina.

Morrenia odorata" es conocida vulgarmente como tasi o DOCA, es una planta trepadora de hábitat variable. Es importante destacar el uso medicinal que se le da principalmente a la raíz (galactógeno, desinflamatorio, calmante) y también el alimenticio de los frutos. Una de sus cualidades es que funciona como cortafuego natural. Las docas ayudan a crear una barrera vegetal que reduce la propagación del fuego. Plante entorno a su casa una cubierta vegetal de especies ignífugas.
El tiempo que tarda un árbol en crecer después de un incendio depende totalmente de la especie y de la severidad del daño al suelo. En la Patagonia, los tiempos son mucho más extensos que en climas tropicales debido a los inviernos largos y la corta temporada de crecimiento.

Los incendios forestales liberan a la atmósfera importantes cantidades de CO2, además de otros gases y partículas, lo cual favorece el efecto invernadero y el cambio climático.
Un incendio en la montaña no termina en la costa; se mete en el agua. La relación entre el bosque quemado y las cuencas hídricas es devastadora para los ríos, lagos y glaciares.
1. Lluvia de cenizas y lixiviación
Cuando llueve sobre el suelo quemado, el agua arrastra las cenizas ricas en nitrógeno, fósforo y potasio. Aunque parecen nutrientes, en grandes cantidades provocan la eutrofización de los lagos:
2. Metales pesados y contaminación química
El fuego libera metales que estaban atrapados en el suelo y la vegetación, como el mercurio y el cadmio. Estos terminan en los sedimentos de los ríos, entrando en la cadena alimentaria de la que dependen las comunidades locales para el consumo de agua.
3. El impacto en los Glaciares: El "Albedo"
Este es el punto más crítico para la Patagonia:

Tras semanas de lucha ininterrumpida este desastre está atravesado por factores sociales y económicos.
El hollín (carbón negro) de los incendios ya se ha depositado sobre los glaciares cercanos. Esto reduce el albedo (la capacidad del hielo para reflejar el sol), acelerando su derretimiento. Asimismo, las primeras lluvias están arrastrando ceniza tóxica hacia los ríos, amenazando la potabilidad del agua para las comunidades de la Comarca.
En este último evento de enero de 2026, la suma de los focos en la Comarca Andina (Chubut), el Parque Nacional Los Alerces y las zonas de interfase en Neuquén y Río Negro arroja un total estimado de 21.000 hectáreas de bosque nativo, matorral y pastizal quemadas.
Para que el ecosistema recupere su fisonomía original, especialmente en el caso de las lengas y coihues, deberán pasar al menos 80 años.
Hoy, bajo la presión de una Patagonia que aún humea, el Gobierno Nacional anunciará un paquete de modificaciones críticas a la Ley de Manejo del Fuego (Ley 26.815) y la implementación de protocolos de emergencia.
Procura caminar siempre en sentido contrario a la dirección del viento.
Evita ir hacia cañadas, barrancos u hondonadas, y por ningún motivo intentes escapar cuesta arriba, especialmente cuando el fuego asciende por la ladera.
Durante el inicio de 2026, el Gobierno nacional comenzó a abonar deudas del ejercicio 2025 correspondientes al Servicio Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), tras haber subejecutado un 25% del presupuesto asignado el año anterior. Estos fondos, que rondan los $20.000 millones, llegan en medio de severas críticas por la falta de inversión preventiva y la proyección de un recorte del 71,6% en el presupuesto para 2026.
Subejecución 2025: Se informó que en 2025, la administración dejó sin ejecutar cerca de $20.000 millones, aproximadamente el 25% de los fondos destinados al combate de incendios.
Situación actual: Ante los graves incendios en la Patagonia en el inicio de 2026, se están liberando pagos atrasados del 2025 que nunca llegaron a equipamiento, infraestructura ni capacitación.
Recortes 2026: El proyecto de Presupuesto 2026 proyecta una caída real del 71,6% en los fondos para el manejo del fuego en comparación con 2025, generando alerta por la capacidad de respuesta.
Críticas: Organizaciones ambientales y sectores afectados denuncian que la falta de previsión y la "motosierra" presupuestaria dificultan el combate contra los incendios.
En resumen, los fondos liberados son parte de lo adeudado del presupuesto 2025, sin constituir un aumento extra ante la crisis actual, sino una regularización parcial tras la subejecución previa.
El mañana es hoy
La Patagonia no puede esperar a que pase la temporada de verano para que el tema desaparezca de la agenda mediática. Se requiere un plan de prevención activa durante el invierno, inversión en tecnología de detección temprana y, sobre todo, una justicia que actúe con firmeza contra quienes inician el fuego por lucro o desidia.
Si no recuperamos el valor de la conservación, lo único que quedará para las futuras generaciones será el relato de un paraíso que dejamos quemar.
El desastre no es natural porque sus efectos son transgeneracionales. Un incendio de tres días intoxica el agua que beberán nuestros nietos y oscurece los glaciares que ya no podrán recuperarse.
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